Por fin acabó la temporada 2018-2019. Bochornoso. Desastroso. Difícil de olvidar. Un año en que el mejor club del mundo pasó sin pena ni gloria por cada uno de los campos en los que disputó partidos oficiales. Ni en España, ni en Europa.
Hay que reconocer que la ilusión que tenía el madridismo al comienzo de dicha temporada no era ni mucho menos a lo que nos tenía acostumbrado en años anteriores. Llevábamos unos años sin fichar galácticos, pero las conquistas de las Champions tapaban las carencias de nuevas llegadas (sin menospreciar a los jugadores de talla media, pero jóvenes, que habían llegado al club). La política de fichajes a la que nos tenía acostumbrados el presidente, Don Florentino Pérez, había cambiado. Nada de derroches. Jugadores con proyección para asegurar un futuro que próximo. Y nos parecía bien. No teníamos prisas en cerrar contrataciones desorbitadas porque el equipo nos funcionaba, porque ilusionaba el hecho de ver cómo se podían ir incluyendo promesas en una plantilla plagada de jugadores contrastados y con experiencia. Una situación idílica que la veíamos con los títulos ya conseguidos, en nuestras vitrinas y con la sonrisa perenne de aquellas cercanas noches en Cibeles.
Pero todo iba a cambiar. Cuando menos lo esperábamos. El sábado 26 de mayo de 2018, en el estadio olímpico de Kiev, donde alzábamos la última Champions conquistada. Minutos después de pitar Milorad Mazic (árbitro del encuentro) y antes de levantar el trofeo, nuestro jugador insignia, Cristiano Ronaldo, dejaba caer la bomba de que no seguiría en el club. Saltaban las alarmas.
Entre tanto festejo no le dimos la importancia que esto tenía. Muchos le criticamos por hacerlo tras ganar el partido (podría haber esperado unos días, a decir verdad, porque no era ni el momento ni el lugar idóneo para hacerlo) y otros pensarían que era una estrategia para que le reconocieran mejor en el club, le valoraran económicamente los logros o vete tú a saber…con la cantidad de mensajes que mandaba el portugués.
A esto se unió Gareth Bale. El hombre de las finales. La eterna promesa de balón de oro (condiciones no le faltan). Lo de éste importó menos porque primero, no era Cristiano, y segundo, su persona nunca ha calado en el madridismo. Pero estábamos ante un punto de inflexión, y nada podía presagiar lo que ocurriría.
Pasada la resaca de la Champions, cinco días después, nuestro técnico, el admirado Zinedine Zidane, salía a rueda de prensa y dice que se va. Que el puesto le ha saturado. Que prefiere dar un paso al lado y acabar en la cima antes que atropellado por los acontecimientos que estaban por venir. Y todo se desmoronaba. Nuestro jugador franquicia y nuestro entrenador se iban.
Lo demás, es el resumen de una temporada nefasta. Una pretemporada que comienza con el lío Rubiales-Real Madrid por la contratación de Lopetegui. Un entrenador que no ilusionaba a gran parte del madridismo y que «le robábamos» a la selección española. Supuestamente conocía la casa, pero eso no es síntoma de futuro prometedor. 4 meses duró. Cuatro meses en los que tomó decisiones importantes, impopulares quizá, pero importantes. El equipo no marchaba bien y sumado a esas decisiones (por ejemplo no contar con un prodigio llamado Vinicius), hizo que tuviera que marcharse. Y llegó Solari. Otro hombre de la casa, para hacer de parche. Entrenador interino lo llaman…
El equipo no mejoró en exceso, pero el vestuario se convirtió en un polvorín. Los pesos pesados no entendieron del todo la marcha de Lopetegui y mucho menos la llegada de Solari. Y, como en todas las historias, los detalles marcan el desenlace: Marcelo relevado por un joven Reguilón (temporadon del muchacho), Vinicius, ante la presión mediática, entra en escena para convertirse en punta de lanza e Isco es destinado al ostracismo. Pero no es suficiente. Es tarde para reaccionar y mucho más sin el compromiso de la plantilla. Una vez más, la cama de los jugadores al entrenador hace el resto. Esta situación insostenible le lleva a ser relegado a mediados de Marzo.
Sorpresa! Vuelve Zidane! Los madridistas estamos de enhorabuena. Su amor al club (palabras salidas de su boca) hacen que volvamos a creer. Con la temporada perdida, hay tres meses por delante para tomar decisiones y planificar la siguiente temporada con tiempo, con dinero en las arcas y con la ilusión del entrenador que nos hizo ganar las 4 de 5.
Mi opinión es que quien debía salvar el culo en ese tiempo era Florentino más que Zidane. Florentino le pidió el favor de levantar al equipo, de volver a dirigir la nave que estaba a la deriva y éste lo hizo. Florentino había ganado tiempo. Había vuelto a dar al madridismo la ilusión que demandaba tras una temporada desastrosa (y no sólo en cuanto a títulos o resultados)
Tres meses de partidos intrascendentes, donde la única ilusión era ver encarar a Vinicius a las defensas. Es triste pero fue así. Un chico de 18 años recién llegado de Brasil, y al que había relegado a jugar en 2ªB, era el único punto de unión entre el vigente campeón de Europa y su afición. Qué pronto olvidamos! Por eso somos del Real Madrid.
Y llega el final de temporada. El Barcelona es eliminado de Champions en un partido para recordar contra el Liverpool (Origi se convierte en el Manolas del 2019) y pierde la final de Copa del Rey frente al Valencia. Suena mal decirlo, pero fue el mejor alivio para una afición que ya se veía escuchando lo del triplete en cada esquina. Como decía un amigo mío: «Estábamos preparados para una nueva operación Urdaci». Es decir, apagón de telediarios, manipulación de noticias, y hacer oídos sordos a todo aquello que tuviera que ver con el planeta fútbol.
Junio 2019. Rodrygo ya es madridista desde Junio del año pasado, pero esta temporada la hará con nosotros (con Vinicius lo vemos como la dupla brasileña de la próxima década). Militao se sabe desde Marzo que también estará con nosotros (nos recuerda al Pepe que vino del Oporto por 30 millones de euros y que ha sido uno de los defensas más rentables del Madrid de las últimas décadas) Buen fichaje. El día 4 de Junio se hace oficial el fichaje de Jovic. Un serbio a la orden del gol. Rematador puro, eso que tanto llevábamos demandando. Se lo quitamos al Barça. Empezamos pronto con los fichajes. Todo apunta a que seguiremos sumando efectivos a este ilusionante año.
HAZARD. Llega Eden Hazard. El 7 de Junio se hace oficial. El jugador por el que Zidane ha suspirado durante años. por fin se hace realidad. un sueño al alcance de pocos. Volvemos a tener galáctico. Volvemos a dar un golpe encima de la mesa. Y por si eso fuera poco, sin casi desdibujar la sonrisa que nos provoca el belga, nos presentan a Mendy. Un portento físico que vendrá a competir con Marcelo. Se necesitaba esa competencia, y más después del añito que nos había dado el brasileño. Y para poner la guinda al pastel, le robamos a Kubo al Barça. Ese japonés que parece que se ha escapado de un videojuego y que con cada detalle que tiene con el balón hace que se nos caiga la baba.
Bien. estamos haciendo las cosas bien. De hecho, nos preguntamos: si esto es en Junio, ¿qué nos van a dejar para Julio y Agosto?
NADA. Salidas. Eso es lo que tenemos en julio y Agosto. Las temidas salidas. Todos esperábamos las salidas de Bale, quizá Isco, Keylor Navas,…pero no! Se va Llorente (al Atlético de Madrid, ni más ni menos), con lo bien que lo ha hecho siempre en los pocos minutos que ha disfrutado el chaval. Nos deshacemos de Kovacic, quien ha pasado sin pena ni gloria por el club, pero que a mi, personalmente, me gustaba mucho (pocos jugadores tienen la capacidad de romper lineas como él, además de su juventud). Cedemos a Reguilón y a Ceballos (uno al Sevilla y otro al Arsenal), cuando ambos son jugadores de futuro. El primero por la temporada que se marcó y porque es de la casa, y el segundo…el mejor jugador sub21 junto con Fabián, del Nápoles. Un pelotero como hay pocos. Odegaard, Vallejo y De Tomás también son cedidos.
8 de Junio de 2019. Comienza la pretemporada. Ilusión, juventud, pero sobretodo… REVOLUCIÓN.
Inciso: una vez, me dijo mi madre que para contar algo que no es relevante, es mejor estarse callado. Y ahora es el momento de callarse. Omitir la pretemporada que lleva el equipo es lo mejor que se me ocurre para no dañar aún más la imagen que estamos dando. No soy una persona pesimista, ni mucho menos, pero tampoco soy tonto. No quiero ver a los míos sufrir, y cada vez que leo o veo algún comentario de mi Madrid en estos días, me duele.
El resumen es el 7-3 que nos metió el Atlético de Madrid (qué dolor, Dios mío), y la sensación de que la «revolución» se ha quedado en nada. Juegan los mismos con la excepción de Hazard. Si eso es una revolución, el Che se deberá estar descojonando en su tumba (perdón por la expresión)
Escribo esto un miércoles, y la Liga empieza este fin de semana.
Que Dios nos pille confesados.
