Cuarta jornada de liga. Vuelta al Bernabéu. Nervios e ilusión por partes iguales. Nervios por la situación que atraviesa el equipo e ilusión porque llevábamos dos semanas sin fútbol.
El Madrid se plantaba con una alineación controvertida, por la baja de Modric y la ausencia de Bale por sanción. Eso sí, con Hazard en el banquillo esperando su oportunidad. Y Rodrygo. El brasileño era convocado por primera vez en liga y los madridistas teníamos muchas ganas de verle.
El once inicial con la misma defensa de siempre, un mediocampo con Casemiro, Kroos y James, y una delantera con Lucas Vázquez en derecha y Vinicius en izquierda. Benzema nuevamente de punta. Y en el banquillo con todos los fichajes. Areola, Militao, Mendy, Rodrygo, Hazard y Jóvic. Y Nacho completando la banca. Supongo que se podría hablar de revolución de banquillo.
En los primeros minutos del choque, dudas. Nada raro… Y entorno a los 12 minutos, el equipo cogió el balón, presionó arriba tras pérdida del Levante y se crearon las mayores ocasiones. El Levante era un juguete en manos de un Madrid irreconocible. Hasta dejé el móvil en la mesa para prestar atención al juego (algo que no hacía desde hace mucho mucho tiempo)
Tres fogonazos, tres goles. Nos íbamos al descanso con un 3-0 que, me atrevería a decir, me parecía corto por la cantidad de ocasiones que había creado el equipo. Todos contentos, partido «resuelto» y buen momento para ver a Eden, Rodrygo y Militao, al cuál le espera un buena prueba el miércoles en Champions (Ramos está sancionado).
Los jugadores salieron del vestuario relajados (Marcelo y Vinicius riendo en el túnel dejaban una imagen en la que cualquier madridista les hubiera dicho: «Señores, empezad bien, que ésto no ha acabado». Y así fue. 45 minutos de los de los últimos tiempos. La presión ya no era la misma, la circulación de balón bajó hasta aburrir, y comenzaron los despistes y las faltas de concentración.
Y una mención especial para Ramos. Qué pena da ver como un jugador de su categoría y su historia, no es capaz de mantener un nivel aceptable. Todas (y cuando digo todas, es TODAS) las veces que sale de su posición, llega tarde y hace falta. Y todas, TODAS, las veces que es encarado por un jugador, le sobrepasan con una facilidad como lo haría cualquier padre de su hijo. Es desesperante, pero es Ramos, el capitán, con lo que eso conlleva. Jugará y seguirá jugando, esté bien o mal.
Volviendo al partido, porque no quiero enredarme en críticas, comenzó a apretar el Levante. No por el juego desplegado por el equipo granota, sino por la falta de intensidad del Madrid. Se sabía que jugando así, terminaríamos sufriendo, y así fue. Eliminadas las clausulas del miedo, nos marcaba nuestro Mayoral (al que aplaudo desde aquí por las declaraciones de madridismo que tuve después del partido). 3-1 y lo que quedaba. Después Melero, tras un fallo defensivo de Carvajal, que es claramente otro de los que se debería mirar el nivel. 3-2 y tocaba sufrir con 15 minutos por delante.
Antes de esto, Hazard (saliendo en el min 60)se había creado dos ocasiones el solito, demostrando de lo que es capaz de hacer el belga. Un poco individualista bajo mi punto de vista, pero entiendo que quisiera agradar… También había entrado Militao. Y con el 3-2, Jóvic lo hacía por Benzema. Una vez más los cambios esperados.
Y a falta de 3 minutos para el 90, Courtois nos salvó. Un remate a la salida de una falta lateral, que desbarataba el portero. Susto y final del partido. 3 puntos como bálsamo a la liga. Ahora, a pensar en el miércoles.
Ojo! No se nos olvide! Zidane dejó un dardo en rueda de prensa: «Miré al banquillo y es lo que tenía…» No sé si es un mensaje a la directiva o simplemente una excusa. Si era lo primero, mal. Si era lo segundo, peor.
