Para mí siempre será la UEFA, no la Europa League. Un título apetecible que se ha ido degradando en los últimos años debido a una inmesa obsesión por la Champions. Y es normal, ya que antiguamente la Copa de Europa solamente la jugaban los campeones de liga y ahora la pueden jugar hasta los cuartos clasificados de estas. Por eso, entre otras cosas, esta prestigiosa competición ha ido decayendo en partidos en los que no es de extrañar encontrarse con equipos que, ni por asomo, llegarían hace años a jugar competiciones europeas.
Un sinfín de partidos que, desde los últimos coletazos del verano, se juegan con equipos mediocres para que, al final, lleguen los más fuertes a los últimos cruces. Una manera sencilla de colapsar los calendarios sin sentido alguno.
Y, ahora, llega la gran final. Un Inter de Milán – Sevilla que, a buen seguro, será del gusto de todos. Sólo por estos partidos merece la pena ver la competición.

Ambos equipos llegan con la confianza por las nubes. El Inter después de deshacerse del Shakhtar con un amplio 5-0 que, para ser una semifinal, suena a risa (no tanto como el 2-8 del Bayern al Barcelona, también es cierto). Y el Sevilla porque se lo ha ganado en estos últimos años. 6 finales en esta competición le hace favorito por encima del histórico Inter. Además, se ha quitado de encima a todo un poderoso Manchester United que, aunque ya no es el mítico equipo que dirigía Ferguson, no es moco de pavo.
Dos estilos distintos, pero ganadores. Dos entrenadores que hacen las cosas bien, que trabajan a sus plantillas y que exigen lo mejor de cada jugador.
Conte con un estilo más italiano, más defensivo. Trabaja el bloque con un sentido de compromiso al más puro estilo Mourinho. Solidez defensiva con un esquema en el que Godín ordena y manda; un centro del campo que, cuando juegan Eriksen y Brozovic, le pone cordura, y un ataque letal, con Lautaro libre de movimientos y Lukaku como referencia. La gran virtud de este equipo (además de la solidez defensiva) es el fútbol directo que propone, con balones a la espalda de la defensa rival, aprovechando la velocidad de Lautaro y la potencia de Lukaku. Por ello, Eriksen y Brozovic no son tan usados por el técnico, ya que necesitan balón y pausa en el juego.
Lopetegui, sin embargo, apuesta por un estilo más dinámico, de circulación rápida y de juego de banda. Con Reguilón y Jesús Navas como carrileros, los ataques del Sevilla son imprevisibles. Con buen trato de balón, con dos centrales que aportan seguridad a la zaga (especial mención requiere Koundé) y con unos jugadores que en tres cuartas partes de campo tienen mucha movilidad, hacen del equipo hispalense un más que serio candidato para llevarse el torneo.
Ingredientes que nos auguran una gran final. Una final que se llevará el equipo que mejor sepa jugar las cartas de su estilo.
