Justo campeón. Impecable. El Bayern de Múnich se ha proclamado campeón de Europa por sexta vez en su historia. Y lo ha hecho sin fallos, sin errores, sin dejarse ni un solo empate. Para quitarse el sombrero.
Llegaba como claro favorito en la final de este anodino 2020. Su rival, el PSG, ante una oportunidad de hacer historia. Más de 10 años le ha llevado al jeque presentarse en una final de Champions. Diez años y miles de millones de euros puestos encima de la mesa para este momento. El todo o nada.
Y fue el nada. El nada más absoluta. Un par de ocasiones claras en 90 minutos. Algo que no es digno de un equipo que tiene a Neymar, Mbappé o Di María. Quizá, dicha inexperiencia le haya pasado factura. Empezando por Tuchel.
El planteamiento del equipo parisino ha sido pobre, dejando la pelota al Bayern, pero con una gran presión en la salida de balón del equipo alemán. Al menos en la primera parte, lo que hacía pensar que podría llegar su ocasión en cualquier momento. Y ahí la tuvo Mbappé. Una jugada clavada a la que tuvo Cristiano Ronaldo en la final de Champions celebrada en junio de 2017. La gran diferencia es que aquel remate acabó becando las redes de la portería de Buffon, pero no es el día de culpar a un chaval de 21 años, ni mucho menos.

El fútbol es un deporte de equipo y como tal, ganó el mejor equipo. No hay que darle más vueltas. El Bayern pelea, lucha, juega… Y lo hacen todos, desde el portero hasta el utillero. Por eso es un equipo, un bloque, un rodillo al que cuesta meter mano y que, con los jugadores que tiene, te puede hacer ocasiones. Una tras otra en muchos casos y alguna que otra en el caso de hoy.
El PSG tendrá que esperar. Quizá un año, dos o diez más. Porque, afortunadamente y como en la vida, no todo se consigue con dinero.
