Que Jon Nieve acabase como acabó hizo que los seguidores y fanáticos de la histórica serie de HBO nos quedásemos con cara de tontos. La misma cara que tenemos todos los aficionados al fútbol cuando hemos leído la noticia del año (con el permiso del 2-8 del Barca-Bayern) entorno a las 19 horas: MESSI se marcha del Barcelona.
Un burofax (que deja al ya conocido de De Gea como una simple anécdota). Así de sencillo. Así de frío. Un emblema de un club contacta con la directiva a través de un comunicado saliendo de una impresora. Lamentable. ¿Cómo estará la relación del club (directiva) con los jugadores para que el jugador más importante de tu historia se despida a través de un burofax? Imposible de aceptar.

Para entender la salida del crack argentino hay que tener varios factores en cuenta. Quien crea que la derrota del 2-8 es la gota que ha colmado el vaso, está en su derecho de creerlo pero, bajo mi humilde opinión, nos quedaríamos en lo superficial. Me atrevería a decir que ni es cuestión de dinero, ni de relaciones personales con la directiva. La decisión de no apostar por su amigo Neymar el verano pasado, la comunicación pública de la más que posible salida de Luis Suárez este verano, influyen más de lo que pensamos. La mala relación con la directiva no es nueva, y es otra de las grandes variables que han decantado la decisión de Messi, pero tanto él como su entorno, saben que los presidentes vienen y van. Y más en el caso de Bartomeu, que se encuentra en la cuerda floja desde hace tiempo.
Pero seamos justos. Messi es culpable de todo esto. Cuando generas un monstruo y le alimentas durante años, es posible que un día, cuando menos te lo esperes, te ataque por la espalda. Messi es D10S, tanto para los culés como para los periodistas que han elogiado a la estrella argentina. Incluso sus compañeros de profesión han sido partícipes del «endiosamiento» del pulga. El tsunami diario de halagos, reverencias y adjetivos superlativos entorno a la figura del jugador han hecho que el monstruo vaya creciendo y ganando fuerza y poder. Y el poder es un arma de doble filo.
Deportivamente, no cabe duda de que nos encontramos ante una noticia malísima para el fútbol español. Se va el jugador franquicia de la Liga. Un fenómeno. Un jugador único que hará que todos los aficionados a este deporte nos acordemos de él cada fin de semana. Incluso los madridistas, hay que reconocerlo.
A falta de tres semanas para el inicio del campeonato liguero, la bomba ha estallado. Se habla del City de Sheikh Mansour, el United de Glazer o el Inter de Steven Zhang como posibles destinos del astro argentino.
Ahora sólo queda esperar a que lo desmienta su entorno. Yo creo que lo hará. Y lo hará después de la dimisión de Bartomeu porque Leo es el Rey en el Norte.
