Hagámonos a la idea. España no es la que era y selección de fútbol tampoco. Dicen que «cualquier tiempo pasado fue mejor» y, en esta ocasión, viene como anillo al dedo. Todos quisiéramos ver a la selección que encandiló a un país, pero también sabemos que no lo veremos. Quizá por muchos años (si es que llegamos a verlo…)
Aquella selección en la que, en cada línea, teníamos un top 5 mundial. Casillas en portería, Ramos-Puyol-Piqué en sus mejores momentos, Busquets-Silva-Iniesta-Xavi-Fábregas-Xabi Alonso y compañía como dueños del balón y Villa-Torres como delanteros goleadores. ¡Vaya equipo! Duele sólo de pensar lo que teníamos…

Hoy quizá no tengamos a ningún top 5 mundial en ninguna de las líneas (con los debidos respetos que merece Sergio Ramos, capitán y estandarte de esta selección). Por eso tenemos una selección buena, pero lejos de lo que presumíamos. Los jóvenes han traído sangre nueva y todos pertenecen a grandes clubes europeos, pero ninguno ha dado el salto mundial que te hace diferente con respecto a otras selecciones mundiales.
Quizá debamos acostumbrarnos a este nivel. Mucho mejor del que acostumbramos a tener años antes de las gestas europeas y mundiales, pero lejos de éstas últimas fechas. Quizá debamos exigir menos a estos chicos tan jóvenes. Quizá debamos dejar madurar a fuego lento a esta hornada de futbolistas que seguro que nos guardan torneos brillantes. Y eso, está en nuestras manos. En manos de una afición que, quizá, esté malacostumbrada a ser la envidia de Europa y del mundo.
Dicen que si metes a un pez en un espacio reducido, su tamaño irá en proporción al espacio que tiene. Dejemos que los nuestros crezcan. No les pongamos límites, pero tampoco acotemos su crecimiento. Tienen madera de enormes futbolistas. Sólo es cuestión de tiempo.
