Llegaba el turno del campeón. Comenzaba realmente La Liga. La liga que todos quisiéramos llamarla «post-covid», pero que desgraciadamente no será así. Seguimos inmersos en una situación complicada, incluso para el fútbol. Un fútbol descafeinado. Sin público, sin pretemporada lejos de nuestro país, sin fichajes de renombre, pero con las mismas ganas o incluso más que años anteriores.
En el Reale Arena o en Anoeta (como yo lo he conocido desde siempre) daba comienzo el campeonato para dos equipos que este año jugarán en Europa. Uno en Champions y otro en Europa League. Se presuponía un buen partido, pero teniendo en cuenta que estamos en la jornada 2 (primera para ambos), el buen partido duró lo que duró el aire en los pulmones de los jugadores.

Una muy buena primera parte del conjunto blanco. Control absoluto del balón, presión alta cuando se perdía, entradas por bandas y con un ritmo atípico de primera jornada. Pocas ocasiones, a decir verdad, pero parecía que pronto llegaría el gol. Ese gol del que tantas y tantas veces ha carecido el equipo en los últimos años (desde la ausencia de Cristiano). Eso gol que los madridistas exigimos a Benzemá. Y es que, aunque pasen los años que pasen, el galo no es un 9 puro. Y no le debemos exigir como tal. Hoy, sin ir más lejos, se ha visto. Con Odegaard de mediapunta, el francés no apareció entre líneas; y eso lo pagó el equipo. Se dedicó a jugar de nueve y así le fue al equipo de cara a puerta. Dos ocasiones de Karim en 90 minutos.
La alineación creaba expectación desde que se supo que jugaban Rodrygo, Ødegaard y Vinicius. Tres niños. Jugones, descarados y con un futuro totalmente esperanzador para el club blanco. Rodrygo tiene más de lo que muestra. Se le ve. No hay más que ver como encara a los rivales. Quizá se sienta demasiado atado ya que se le pide que trabaje para el equipo a nivel defensivo, pero no me cabe ninguna duda de que, en cuanto se despegue de esa losa mental, despegará. De Vinicius lo sabemos casi todo. Encara, desafía al rival una vez tras otra, pelea, ayuda,… El único aspecto a destacar es que siempre le acompaña un lateral (Marcelo o Mendy) que, a menudo, juegan por delante suya, lo que le resta desborde y espacio. Aún así, cada vez que juega, es de los mejores.
Ødegaard es la sensación de este año, no hay ninguna duda. El noruego promete, como ya se le vio en La Real Sociedad, pero debe deshacerse del peso que todos los grandes jugadores sienten cuando empiezan a llevar la casaca blanca. Zidane debe darle minutos, confianza y darle libertad para asociarse en torno a la pelota, porque es lo que mejor sabe hacer. Y pronto, veremos en el Bernabéu a un jugador que llegó con 15 años y que ha luchado fuera para volver a tener minutos en el Real Madrid.
Y hablando de minutos… Ahí está el debe de Zidane. El técnico se supone que sabe que el partido dura 90 minutos al menos, y no 45. Y ya viene siendo un mal endémico de temporadas anteriores. No se puede tirar una parte a la basura. Lo sé, estamos a comienzos de temporada, sin casi partidos de pretemporada, pero si dispones de 5 cambios y sólo haces 3 (no cuento el de Arribas en el 89), no podemos excusarnos en lo físico. Seguimos teniendo a los mismos jugadores y las mismas carencias.
Y la carencia más importante se llama GOL. Tengo claro que este Real Madrid no ganará ningún partido cómodamente porque, para ello, necesitas gol. Zizou tiene como referente a Benzema arriba (defendible si recordamos la Liga del año pasado), y no confía en otros. Jovic, Mayoral, Mariano… ninguno le vale. Y esto es un grave problema. Primero porque Benzema debe tener competencia y, segundo, porque si el equipo carece de gol, debes tener otras alternativas.
Y bajo el aburrimiento del segundo tiempo, disfrutaron lo chavales de su debut soñado. Primero Marvin, recientemente campeón de la Youth League, y después Arribas, prometedor jugador de la fábrica.
Primer partido, primer revés.
