Como en bricomanía: «fácil, sencillo y para toda la familia».
Fácil, porque el Madrid no pasó de la 3ª marcha en los 90 minutos. Sencillo, porque desde el primer minuto se jugó al ritmo que marcó el Madrid. Y para toda la familia, porque no sólo ganar este primer trofeo de la temporada es un mensaje a todos los madridistas, sino también a todos aquellos que festejan fichajes como si de títulos se tratara. Y ya se sabe…»Si no tienes nada bueno que aportar, simplemente escucha (y aprende)».
Ya se ha dicho en muchas tertulias, debates y charlas entre amigos: «El Madrid no juega finales, las gana». De ahí que de las últimas 19 haya ganado 17 (desde 2014, en aquel clásico recordado por la carrera de Bale con Bartra). Y esto es sólo si contamos con el total de finales disputadas, porque si nos fijamos sólo en Champions ha ganado las últimas 8 finales que ha disputado. Y otro dato apabullante: lleva 22 años sin perder una final contra un equipo extranjero. Ahí es ná…
Pero hablemos de ayer, de lo que toca. Un partido con una primera parte simple, lenta y cómoda para un Madrid que jugaba al ritmo de Kroos. Un pequeño susto, solventado nuevamente por Thibaut Courtois (en sus últimas 5 finales lleva 23 paradas de 24 tiros a puerta recibidos) y después, coser y cantar.
El Eintracht era consciente de que enfrente estaba el campeón de Europa y dominador absoluto de las finales europeas, de ahí que saliese temeroso (y más después de recibir un 1-6 en casa contra el Bayern, para comenzar la Bundesliga).Además, en la concentración del partido habían perdido a su mejor hombre: Kostic, quien firmaba por la Juve por unos 16 millones de euros. Por lo tanto, las órdenes eran claras: cerrarse bien atrás y salir a la contra cuando pudieran.
El Madrid sabía que habría que cocinar lento, sin prisas, sin riesgos, porque tarde o temprano llegarían las oportunidades y con ellas el gol. Y si se adelantaban, se cerraba el partido. Es lo que tiene poseer esa experiencia en finales. Y así fue cuando en el minuto 37, David Alaba, con una asistencia de cabeza de Casemiro, empujaba el balón a las mallas. 1-0 y partido sentenciado. Lo demás, coser y cantar. Sólo quedaba la segunda parte para disfrutar y darle entrada a los que participaron de manera activa en la conquista de la Champions del año pasado (Rodrygo y Camavinga) y minutos a los nuevos (Rüdiger y Tchouaméni)
La sensación del equipo es maravillosa. Un bloque experimentado que maneja este tipo de partidos a su antojo. Un portero solvente (el mejor del mundo hoy por hoy, sin lugar a dudas), una defensa rocosa (un Militao sobresaliente y un Mendy que le pondrá las cosas difíciles a Rüdiger si quiere jugar), un Kroos fino, un Modric rejuvenecido, un Fede Valverde, que lo mismo te recorre 40 metros para recuperar un balón, que te estrella un zapatazo en la escuadra como le dejes un balón a tiro y un Casemiro que, por fin, tiene a alguien que le sople en la nuca. Y arriba, la asociación de Karim (próximo balón de oro) y la alegría brasileña de un Vinicius que, se empeña, partido tras partido, en hacernos dudar de si Mbappé realmente era necesario.
Y por si esto fuera poco, este año hay un plan B que mejora enormemente lo de años anteriores. Unos «titusuplentes» que jugarán muchos partidos a lo largo del año. Un Nacho y Rüdiger que apuntalan la defensa más completa de Europa, un Camavinga, un Tchouaméni y un Ceballos que, en más de una ocasión, darán motivos a Ancelotti para que no tenga la decisión más sencilla a la hora de elegir; y un Rodrygo que, si no estuviera en el equipo que está, se hablaría de un prodigio de futbolista (terminará jugando de titular, de eso estoy convencido).
Las dudas de este año serán Asensio y Hazard. El primero porque ni está ni se le espera, y el segundo porque se le espera, pero no está. Y espero enormemente equivocarme.
Ahora empieza La Liga, pero de momento, primer título conseguido. Vamos a por los otros cinco.
HALA MADRID Y NADA MÁS.
