Primer partido de este nuevo formato de Champions. Nuestra Champions. En casa, con el Bernabéu lleno y con la ilusión de defender, una vez más, la corona del Rey de Europa. Un desafío, el de revalidar el título que, por cierto, sólo lo hemos logrado nosotros (para todos aquellos que se aferran a los récords o gestas logradas por sus equipos).
Anoche escuché a un ex-futbolista alemán decir que «el Real Madrid había ganado el partido al estilo Real Madrid». Básicamente, hacía referencia al devenir del partido que todos vimos. La sensación de ver cómo el contrario tiene ocasiones muy claras y que son falladas. Y, en dos fogonazos, el Madrid te vacuna, dejando al oponente con la sensación de que, sin darte cuenta, el Madrid te ha ganado un partido que has planteado bien, que has jugado sin apenas fisuras y que de cada 100 partidos así, deberías ganar 95.
Pues eso es el Madrid. Un equipo que, sin jugar bien, lo normal es que te gane.
La primera parte fue un verdadero suplicio para el aficionado. Y lo digo con conocimiento de causa, porque estuve en el templo.
La sensación del equipo era como de desorden total y absoluto. Mucha distancia entre líneas, presión poco o nada efectiva, esfuerzo inútiles de algunos jugadores por recuperar la pelota (Bellingham debe ser una maravillosa persona, porque pelea, lucha y trabaja mientras otros andan por el campo, olvidando o pasando del esfuerzo en tareas defensivas)
Cualquiera que haya leído algo de lo que he escrito sobre estos últimos partidos pensará que soy otro más de los llamados «vinagres» en Twitter (o X, como han querido llamarlo), pero no es así. Estoy deseando poder escribir líneas y líneas sobre adulaciones a jugadores, aplaudir hasta que me duelan las manos o sentarme frente al ordenador para, simplemente, proyectar mi estado de excitación futbolera. Ojalá llegue pronto, pero hoy por hoy…lo veo complicado. Hay muchas cosas que deben cambiar para que eso ocurra.
Sin entrar a valorar lo que me pareció el partido en sí o comentar en detalle sobre las distintas fases del partido, me gustaría dejar escritas algunas sensaciones que me dejó el equipo.
- La confianza de Carlo Ancelotti en algunos jugadores de la plantilla:
Ante la falta de Militao (se corrió un excesivo riesgo el pasado sábado, al estar más de medio hora renqueante de la rodilla izquierda. Sí, la operada), el técnico apostó por cubrir esa posición de central derecho con Carvajal, dándole a Lucas el lateral. Esta decisión debería pasar desapercibida si el bueno de Carletto no hubiera dejado clara, una y mil veces, que Tchouameni podría jugar de central muchos partidos si el equipo así lo requiriera. Pues bien, esta era una de esas ocasiones y prefirió mover al lateral que bajar al mediocentro a ocupar esa posición.
¿Casualidad o falta de confianza en Modric o Arda Güler? (cualquiera de ellos podría haber ocupado el interior, dejando a Fede Valverde en la posición de 5). A mí, al menos, me deja con serias dudas esa decisión. - El partido de Thibaut Courtois:
¿Estamos hablando del mejor portero del mundo en estos últimos 5-8 años? Para mí, sin duda alguna.
El estado de forma del portero belga es extraordinario. Sujetó al equipo en la primera parte y desdibujó cualquier atisbo de peligro generado por parte del equipo alemán. Qué alegría que haya vuelto así de una lesión tan grave como la que sufrió la semana pasada. - Banda izquierda:
Ferland Mendy ayer estuvo en el centro de muchas críticas. En parte por la mala costumbre de complicarse en la salida de balón, pero muchas otras por la exposición que sufre cada vez que tiene que defender a su pareja de baile y al lateral derecho contrario. Esto no sería noticia si mirásemos la indolencia de Vinicius en tareas defensivas. El jugador brasileño, al igual que se excede en aparecer constantemente en el juego de ataque, desaparece en las labores defensivas. Es verdaderamente desesperante ver cómo observa desde la distancia el esfuerzo que hacen muchos de sus compañeros. Ayer, se dieron este tipo de situaciones con Bellingham, Mendy, Güler o el mismísimo Valverde. Es habitual ver a estos jugadores tratando de robar balones, fajándose con el contrario, peleando cada pelota, mientras nuestro querido Vini anda por la zona como el que mira obras. Sólo le falta cogerse las manos por la espalda…
Quizá sea yo, pero a mí no me vale que en una de sus arrancadas el balón termine en córner a favor y se dirija al público alzando los brazos y gesticulando pidiendo que anime.
Espero equivocarme, pero escuchando a la gente que tenía cerca en el estadio, a Vinicius, o espabila y se centra nuevamente en jugar y deleitar al Bernabéu, o le queda poco crédito del aficionado. - Reivindicación de Rodygo:
Por fin le salió un partico completo (o casi completo) al brasileño. Una buena primera parte, siendo el mejor de los tres de arriba, y dejando en bandeja el primer gol del partido a Mbappé.
Se lo merece. Es un gran jugador, ninguneado por muchos y comparado, injustamente, por otros. Espero que siga con la flecha hacia arriba… - Tchouameni no es ni la sombra de lo que de él se esperaba:
No es santo de mi devoción y no lo voy a ocultar. Sigo pensando que es un jugador con un físico imponente, pero lento, muy lento.
Defensivamente se incrusta en los centrales, lo que provoca que nuestros interiores (ayer Jude y Fede) corran detrás de los jugadores contrarios como pollos sin cabeza. Dobles esfuerzos, sin apenas recompensas.
Es obligatorio (no ya solamente necesario) que de unos pasos hacia adelante, que se junte con los interiores. Quizá tácticamente para Carletto tenga sentido esa posición del francés, buscando con ello una disposición defensiva más acorde con el innombrable «bloque bajo», ayudando a los centrales cuando éstos vuelcan más a banda, cuando acuden a las ayudas constantes sobre los laterales.
En resumen: seguimos jugando con fuego. Es el Eintracht Fráncfort, en casa, pero no todos los equipos van a perdonar tanto.
HALA MADRID Y NADA MÁS.
