MATAMOS EN LAS SEGUNDAS PARTES

13 goles en 6 partidos. 12 de ellos en las segundas partes. Sólo 1 en los primeros 45 minutos.

El Madrid es un equipo que gana, sin más. No convence con su juego, no juega como se supone que debería, pero gana. Al menos, de momento. Quizá no sirva esto cuando lleguen los partidos más complicados, más igualados, pero a día de hoy, les sirve.

Llegaba un recién ascendido, un amigo. El R.C.D. Español de Barcelona. Un supuesto «caramelito» (con todos los respetos, por supuesto) para un Real Madrid en carburación. Y como no podía ser de otra manera, al menos en lo que va de temporada, la cosa no fue tan sencilla.
Un equipo replegado en lo que los entendidos llaman «bloque bajo» dejaba al Real Madrid llegar a la frontal del área sin poner muchos impedimentos. Quizá porque saben que el Madrid donde más peligro tiene es en las contras. En un ataque estático te puede hacer daño, pero como se está viendo que la circulación del balón no es la mejor cualidad de esta plantilla (al menos a día de hoy), supongo que el entrenador del Español pensaría que sería mucho más sencillo regalar metros que no regalar contras.

El Madrid planteaba el partido con varios cambios en su once inicial. Supongo que idea de Carletto para dar descanso a algunos titulares, ya que vienen de un exigente partido de Champions y la próxima jornada está de nuevo a la vuelta de la esquina. Muchos partidos en un comienzo de temporada que puede sobrecargar las piernas de muchos jugadores y esto, puede conllevar riesgo de lesiones.

Entraba Fran García en el lateral izquierdo y Tchouameni haría de central (dando un respiro a Rüdiger), pero lo más destacado vino con la suplencia de Vinicius. No sé si esto se debe a una pequeña llamada de atención de Ancelotti o sólo por cuestión de rotación. Yo, sinceramente, espero y deseo que fuera por lo primero, aunque el míster seguro que no se lo vendió así al brasileño. La cuestión es que la suplencia, bajo mi punto de vista, fue más que merecida.

El partido comenzó con buen ritmo, con un Fede Valverde que se situaba en la posición de 5 y dejaba a Modric y Bellingham en la sala de máquinas para darle salida al balón. Y es que no hay nada como explotar las mejores condiciones de cada jugador y pedirle que haga lo que mejor hace.
El uruguayo es un jugador tácticamente muy disciplinado, con un gran esfuerzo colectivo y solidario con todos sus compañeros. Y se vio en la cantidad de recuperaciones que realizó en esos primeros 45 minutos, tapando cada intento de salida del Español.
Arriba, Güler en derecha (que calidad tiene este chico!!) y Rodrygo, por fin, en la izquierda. Dos jugadores con chispa, asociativos. Y esto último se notó mucho durante los primeros compases del partido. No conducen en exceso, buscan al compañero mejor situado y ambos tienen una gran capacidad para tomar la mejor decisión en cada momento. De ahí que viéramos a un Madrid con una circulación más rápida (ojo! Sin llegar a ser la que debería ser…)

20 minutos duró el arreón del Madrid. Luego, como de costumbre, a «siestear» (los últimos 25 minutos de la primera, infumables) Y así nos íbamos al descanso, con un 0-0 de manual.
Y aquí viene mi punto de vista, el que comentaba al principio: el Madrid es consciente de que lo normal es que te gane, por pegada simplemente.
Tiene jugadores muy diferenciales, con dinamita arriba y mucho oficio abajo. Es complicado que te hagan un gol y, a la vez, es sencillo que hagas ocasiones para poder marcarlo tú. Y eso se huele. Los jugadores lo saben y el público también. De ahí que se les permita ir a medio gas, pero no hacer el perro, porque eso al Bernabéu nunca le ha gustado.

Se volvía después del descanso con la idea de tener que hacer algo más. El Madrid metía una marcha más, pero cometió un error y lo pagó caro. Un desajuste por parte de Carvajal, que abandonó su posición, hizo que un pase largo dejase en ventaja al jugador del Español frente a un Güler que trató de taponar el espacio generado. Y, para colmo, la mala suerte. El balón toca en el pie izquierdo de Courtois, que aloja el balón dentro de la portería. Tocaba remar…

Ancelotti reaccionaba inmediatamente y sacaba a Vinicius, quitando a Güler del campo (el niño pagaba los platos rotos de un equipo adormilado). También es cierto que el empate llegaba sólo 4 minutos después. El mismo que había cometido el error en su decisión por ir arriba (Carvajal), era el mismo que empataba el partido. Un zambombazo de Fede repelido por el portero y una mala decisión de la defensa perica, dejaba a Jude escorado frente a la portería. El portero, en una acción similar a la de su homólogo Courtois, dejaba el balón muerto en la línea de gol. Llegaba Carvajal y la ponía dentro. 1-1 y algo más de media hora por delante.

Y sería a partir del minuto 70 cuando el Español daba síntomas de verdadero cansancio. El Madrid llegaba, fallaba…pero volvía a llegar. La sensación de que alguna tendría que entrar estaba en el aire. Y fue una arrancada de Vinicius la que se convirtió en el 2-1. Un pase magistral del brasileño que ponía el balón en las botas de su amigo Rodrygo, quien sólo tenía que empujarla.

A partir de ese momento, el Madrid ya estaba oliendo sangre. Cada pérdida del Español era una carretera para los Vinicius, Mbappé y compañía. Y así llegó el tercero. Un robo en mediocampo y salida como flechas de Kylian y Vini, quien armaron la contra ellos solitos. Asistencia de Mbappé y gol de Vincius. Partido sentenciado.

El último gol vino de una jugada del poco aprovechado Endrick, quien demostró una vez más que tiene y debe ser un jugador que disfrute de más minutos en este tipo de partidos. Forzó el penalti que Mbappé convertiría en el definitivo 4-1.

Y el martes, el Alavés en casa. Tenemos y debemos que sumar otros 3 puntos, porque la Liga es muy larga y debes sacar estos partidos en casa sin sobresaltos. Veremos si empezamos a carburar y no esperamos a matar los partidos en las segundas partes, porque si va a ser así, que me avisen y llego al estadio en el descanso.

HALA MADRID Y NADA MÁS.

JUGANDO CON FUEGO

Primer partido de este nuevo formato de Champions. Nuestra Champions. En casa, con el Bernabéu lleno y con la ilusión de defender, una vez más, la corona del Rey de Europa. Un desafío, el de revalidar el título que, por cierto, sólo lo hemos logrado nosotros (para todos aquellos que se aferran a los récords o gestas logradas por sus equipos).

Anoche escuché a un ex-futbolista alemán decir que «el Real Madrid había ganado el partido al estilo Real Madrid». Básicamente, hacía referencia al devenir del partido que todos vimos. La sensación de ver cómo el contrario tiene ocasiones muy claras y que son falladas. Y, en dos fogonazos, el Madrid te vacuna, dejando al oponente con la sensación de que, sin darte cuenta, el Madrid te ha ganado un partido que has planteado bien, que has jugado sin apenas fisuras y que de cada 100 partidos así, deberías ganar 95.
Pues eso es el Madrid. Un equipo que, sin jugar bien, lo normal es que te gane.

La primera parte fue un verdadero suplicio para el aficionado. Y lo digo con conocimiento de causa, porque estuve en el templo.
La sensación del equipo era como de desorden total y absoluto. Mucha distancia entre líneas, presión poco o nada efectiva, esfuerzo inútiles de algunos jugadores por recuperar la pelota (Bellingham debe ser una maravillosa persona, porque pelea, lucha y trabaja mientras otros andan por el campo, olvidando o pasando del esfuerzo en tareas defensivas)

Cualquiera que haya leído algo de lo que he escrito sobre estos últimos partidos pensará que soy otro más de los llamados «vinagres» en Twitter (o X, como han querido llamarlo), pero no es así. Estoy deseando poder escribir líneas y líneas sobre adulaciones a jugadores, aplaudir hasta que me duelan las manos o sentarme frente al ordenador para, simplemente, proyectar mi estado de excitación futbolera. Ojalá llegue pronto, pero hoy por hoy…lo veo complicado. Hay muchas cosas que deben cambiar para que eso ocurra.

Sin entrar a valorar lo que me pareció el partido en sí o comentar en detalle sobre las distintas fases del partido, me gustaría dejar escritas algunas sensaciones que me dejó el equipo.

  • La confianza de Carlo Ancelotti en algunos jugadores de la plantilla:
    Ante la falta de Militao (se corrió un excesivo riesgo el pasado sábado, al estar más de medio hora renqueante de la rodilla izquierda. Sí, la operada), el técnico apostó por cubrir esa posición de central derecho con Carvajal, dándole a Lucas el lateral. Esta decisión debería pasar desapercibida si el bueno de Carletto no hubiera dejado clara, una y mil veces, que Tchouameni podría jugar de central muchos partidos si el equipo así lo requiriera. Pues bien, esta era una de esas ocasiones y prefirió mover al lateral que bajar al mediocentro a ocupar esa posición.
    ¿Casualidad o falta de confianza en Modric o Arda Güler? (cualquiera de ellos podría haber ocupado el interior, dejando a Fede Valverde en la posición de 5). A mí, al menos, me deja con serias dudas esa decisión.
  • El partido de Thibaut Courtois:
    ¿Estamos hablando del mejor portero del mundo en estos últimos 5-8 años? Para mí, sin duda alguna.
    El estado de forma del portero belga es extraordinario. Sujetó al equipo en la primera parte y desdibujó cualquier atisbo de peligro generado por parte del equipo alemán. Qué alegría que haya vuelto así de una lesión tan grave como la que sufrió la semana pasada.
  • Banda izquierda:
    Ferland Mendy ayer estuvo en el centro de muchas críticas. En parte por la mala costumbre de complicarse en la salida de balón, pero muchas otras por la exposición que sufre cada vez que tiene que defender a su pareja de baile y al lateral derecho contrario. Esto no sería noticia si mirásemos la indolencia de Vinicius en tareas defensivas. El jugador brasileño, al igual que se excede en aparecer constantemente en el juego de ataque, desaparece en las labores defensivas. Es verdaderamente desesperante ver cómo observa desde la distancia el esfuerzo que hacen muchos de sus compañeros. Ayer, se dieron este tipo de situaciones con Bellingham, Mendy, Güler o el mismísimo Valverde. Es habitual ver a estos jugadores tratando de robar balones, fajándose con el contrario, peleando cada pelota, mientras nuestro querido Vini anda por la zona como el que mira obras. Sólo le falta cogerse las manos por la espalda…
    Quizá sea yo, pero a mí no me vale que en una de sus arrancadas el balón termine en córner a favor y se dirija al público alzando los brazos y gesticulando pidiendo que anime.
    Espero equivocarme, pero escuchando a la gente que tenía cerca en el estadio, a Vinicius, o espabila y se centra nuevamente en jugar y deleitar al Bernabéu, o le queda poco crédito del aficionado.
  • Reivindicación de Rodygo:
    Por fin le salió un partico completo (o casi completo) al brasileño. Una buena primera parte, siendo el mejor de los tres de arriba, y dejando en bandeja el primer gol del partido a Mbappé.
    Se lo merece. Es un gran jugador, ninguneado por muchos y comparado, injustamente, por otros. Espero que siga con la flecha hacia arriba…
  • Tchouameni no es ni la sombra de lo que de él se esperaba:
    No es santo de mi devoción y no lo voy a ocultar. Sigo pensando que es un jugador con un físico imponente, pero lento, muy lento.
    Defensivamente se incrusta en los centrales, lo que provoca que nuestros interiores (ayer Jude y Fede) corran detrás de los jugadores contrarios como pollos sin cabeza. Dobles esfuerzos, sin apenas recompensas.
    Es obligatorio (no ya solamente necesario) que de unos pasos hacia adelante, que se junte con los interiores. Quizá tácticamente para Carletto tenga sentido esa posición del francés, buscando con ello una disposición defensiva más acorde con el innombrable «bloque bajo», ayudando a los centrales cuando éstos vuelcan más a banda, cuando acuden a las ayudas constantes sobre los laterales.

En resumen: seguimos jugando con fuego. Es el Eintracht Fráncfort, en casa, pero no todos los equipos van a perdonar tanto.

HALA MADRID Y NADA MÁS.

SUMANDO SIN CONVENCER

Partido muy complicado en un campo muy difícil de asaltar. Llegamos al Reale Arena (antiguo Anoeta y más antiguo y mítico aún campo de Atocha) con los recursos limitados, pero con la inercia positiva de haber sacado un buen resultado positivo antes del parón y con la aparente tranquilidad que te ofrece un parón de vacaciones. Un parón que, en gran medida, nos lo hemos pasado con la incertidumbre de saber si recuperábamos efectivos para encarar el partido con mayores garantías.
Militao se sumaba al once inicial y daba un soplo de tranquilidad en una defensa que, a mediados de semana, estábamos planteándonos con Carvajal de central derecho, acompañado de Rüdiger y dejando el lateral a Lucas Vázquez. Esta buena noticia dejaba una alineación más delicada en el centro del campo, con un Fede Valverde, Modric y Arda Güler.

Seguimos con una falta alarmante de equilibrio en el equipo. Incluso, con la Real Sociedad que es un equipo que busca el balón, el control del juego y no te trata de atacar con transiciones rápidas, pudimos ver cómo nos generaron claras ocasiones de gol (incluyendo tres palos). Y creo que, bajo mi humilde punto de vista, es sencillo de explicar:
Cuando juegas con tres jugadores en el centro del campo y tu adversario es capaz de sumar algún efectivo más en la parte ancha del terreno de juego (normalmente con dos jugadores pegados en banda), o tienes a tus dos extremos que se involucran en tareas defensivas, o tus mediocampistas jamás llegar a tapar esos espacios generados por la superioridad numérica generada. Eso se vio claramente en la primera parte, donde pudimos apreciar como la inoperancia defensiva de Vinicius dificultaba las llegadas en ayudas de Modric, situado en la parte izquierda de esa línea de tres centrocampistas. Y si a eso le sumamos que Kubo hundía a Mendy en banda, la Real generaba esa superioridad con Aramburu, Sucic y el japonés.

Por el contrario, en banda derecha si se hizo un mejor trabajo defensivo. La implicación de Brahim en la primera parte y de Arda Güler/Lucas Vázquez en la segunda, taparon bastante mejor las incursiones realistas, viéndoles llegar a las ayudas a Carvajal de manera recurrente.
De hecho, y al César lo que es del César, al equipo se le vio en muchas ocasiones dibujando un 4-4-2 en fase defensiva que, bajo mi punto de vista, es un gran acierto.

En fase ofensiva la cosa cambia. El 4-3-3 es inamovible para Carletto, lo cuál es lógico, pues tienes varios jugadores en la plantilla que tienen características muy adecuadas a esa disposición. La rapidez de Vinicius y Mbappé, la conducción de Brahim y la asociación y desborde de Rodrygo (me temo que estos dos últimos, salvo lesiones inoportunas, se pelearán esa tercera plaza en la delantera)
Esta disposición táctica ofensiva marca una evidencia tremenda. De los cuatro jugadores comentados anteriormente, sólo Rodrygo es un jugador «asociativo». Y me explico.
Vinicius y Mbappé son jugadores que necesitan metros, espacio. No suelen levantar la cabeza para buscar al jugador mejor situado. Su capacidad innata de buscar la carrera (donde ambos son determinantes) hace que suelan tomar la decisión de buscar la jugada individual.
Brahim es un jugador de conducción pegada al pie. Un Messi (salvando las diferencias, por supuesto) que se asocia, en gran medida, para que se la devuelvan en ventaja. De lo contrario, él avanza y suele dejar atrás a los adversarios con esa potencia que tiene en su tren inferior.
Y Rodrygo, sin embargo, (como ya se vio en temporadas anteriores) es el único que busca la asociación con los compañeros. Se trata de un jugador muchísimo más coral, más participativo en jugadas elaboradas. Toca y se va, busca al compañero, ocupa el espacio libre que deja el desmarque de alguien que estaba ahí,… De ahí que se le vea menos, porque entiende que el balón es para todos.

Y el partido transcurrió con ocasiones para ambos equipos donde, una clara mano de Serio Gómez dio lugar al primer penalti del partido. Lanzado esta vez por Vinicius, dejando el siguiente para Mbappé (que sentenció el partido), como ya hablaron que habían pactado. 0-2 en un campo complicado y ante un rival fuerte y con necesidades. Como se suele decir: lo mejor, el resultado.

Y para terminar, alguna cosa más que me gustaría dejar escrita. Nombres y opinión personal sobre algunas cosas que pude apreciar durante el encuentro:
Courtois: aunque no tuvo que realizar grandes intervenciones, le vi frío. No sé si porque no tuvo gran trabajo personal (aunque recibió tres palos) o porque no está en el mismo nivel al que nos tiene acostumbrados.
Militao: clave en la zaga. Su vuelta es una garantía. Incluso, su exuberancia física me deja una imagen más humana de Rüdiger…
Mendy: jugador vital para el esquema de Carlo Ancelotti. Es un muro, una roca. Defensivamente, imprescindible.
Modric: jamás tendré palabras negativas para Luka, pero sí creo que ha llegado el momento de decir que, en cuanto estén Jude Bellingham y Camavinga disponibles, el croata debe tener un papel secundario. Sin duda y con mucha pena, pero así debemos verlo, porque así lo ve Carlo.
Arda Güler: mi devoción (junto a Fede Valverde, por supuesto). Muy implicado y conectado en tareas defensivas. Hizo uno de los partidos más completos desde que viste de blanco. Se le vio menos, pero fue un pilar importante en la sufrida victoria de ayer.
Kylian Mbappé: cada día más participativo, más incisivo, más acoplado. En cuatro días estaremos viendo cómo se echa el equipo a las espaldas. Madera de líder y aspecto de killer. Nos dará muchas alegrías.
Vinicius: simplemente. VUELVE POR FAVOR.

Seguimos sumando!

HALA MADRID Y NADA MÁS.

ALIVIO (TEMPORAL) ANTES DEL PARÓN

Domingo a las 21,30 horas. Último partido de la jornada y con el Barcelona a 7 puntos (con un partido más jugado). Y partido en casa con la necesidad de sumar, se jugase bien o mal, pero de SUMAR. Varios escenarios posibles, pero sólo uno en mente. Ganar al Betis y seguir a 4 puntos.

La alineación que presentaba el míster era la esperada para un partido en casa, salvo por la entrada de Ceballos en el once inicial. El utrerano se postulaba como la tercera prueba, tras los intentos fallidos de Arda Güler y Brahim en los partidos anteriores (ninguno dio atisbos de mejorar el juego del centro del campo del equipo).

El partido se esperaba con cierta incertidumbre. La afición se presentaba confiada con el equipo, pero seguro que en la mente de muchos (entre los que me incluyo) estaba el «¿y si…?».
Y la primera parte así fue. Un partido soso, aburrido. Las cosas no salían y determinados jugadores mostraban síntomas de ansiedad (Mbappe) o enfado (Vinicius). Al francés se le notaba esa necesidad del gol. Todos los balones que le llegaban (sin ser claros) quería terminarlos con disparos a puerta, con la mala suerte de que todos fueron bloqueados por los defensores béticos.
Y el brasileño, a su estilo. Enfadado con el mundo.
Nos íbamos al descanso con un 0-0 y con la sensación de que el equipo necesitaba meter una marcha más. O dos, o tres…

La segunda parte fue otra cosa. Se vio al equipo más enchufado. Tampoco para tirar cohetes, pero sí quizá con una sensación de querer meter al Betis atrás, de dominar, de darlo todo en esos 45 minutos y no querer depender de ese empujón final tan típico del Bernabéu. Es cierto que, durante los primeros minutos del segundo acto, también se notaba cierta sensación en esos jugadores que están destinados a marcar la diferencia. A Vinicius seguían sin salirle las cosas y el enfado iba «increchendo», hasta que le sacaron amarilla por protestar. Incluso, llegó a tratar de poner al público en contra del árbitro (tampoco era necesario, porque se trataba de Alberola Rojas), mientras que Mbappe le pedía «cabeza».

Iban pasando los minutos y el Madrid iba acercándose a la portería del Betis cada vez más. Se llegaron a reclamar dos posibles penaltis antes del primer gol (para mí ambos lo fueron). El más claro, bajo mi punto de vista, el cometido sobre Ceballos. El partido iba entrando en ebullición y la grada se ponía cada vez más tensa al ver que el equipo no marcaba, pero llegó ÉL. Sensacional jugada de Rodrygo en la frontal del área, se la da a Valverde quien, de un taconazo al más puro estilo Gutiérrez, le pone a Mbappe frente al portero. 1-0 y la cosa ya se veía de otra manera.

El Madrid lo necesitaba. Mbappe lo necesitaba. El primer gol de la tortuga en el Bernabéu. En casa.
Convencido estoy de que marcará muchísimos más y que todos esos goles le otorgarán el honor de ser una leyenda del Real Madrid. No tengo datos, pero tampoco dudas. Es y será la estrella de este equipo, por muchos que pienses que ya tenemos en ese escalón a Vinicius.
Son distintos. Distintos a nivel deportivo y distintos a nivel madurativo y/o mental. Ambos con unas capacidades extraordinarias en un terreno de juego, pero con diferencias muy grandes en todo aquello intangible que rodea a este deporte.

Mientras Vinicius es todo corazón y vive todo esto como si el mundo estuviera contra él, Mbappe hace de todo lo que le rodea una virtud. Es evidente que se trata de un jugador maduro, consciente de todo lo que se mueve a su alrededor. Ha llegado con la mirada gacha, esperando su momento, sin hacer ruido,…pero sabiendo que ese momento llegará. Tiene el tiempo y la inteligencia suficiente para esperar a que todo llegue. No quiere enfrentarse con nadie, no le conviene ser la cara o la cruz de la moneda. Quiere ser parte del tesoro, no la moneda que más brille. O, al menos, no la que más quiera brillar. Que si brilla, será por sí sola… Ha estado los últimos años soportando una presión que casi nadie conoce, pero todo el mundo sabe. Y eso, te hace ser fuerte.
El francés es un jugador bien asesorado en todo lo relativo a marketing. Una imagen bien trabajada. Cuenta de ello son los idiomas que maneja (y con muchísima soltura).
Es posiblemente, junto a Jude Bellingham, el jugador que mejor sabe nadar en estas aguas.

Volviendo al partido. El segundo gol de penalti. Cometido sobre Vinicius que, con un gesto generoso, le ofrece a Mbappe que sea él quien lo ejecute. (Quizá esté cogiendo un poco de manía a esas conductas del brasileño, pero me da la sensación de que ese gesto, el de ofrecer el penalti a Mbappe, lo hizo de cara a la galería). 2-0 y partido resuelto.

En lo demás, poco que añadir. Brahim sale de nuevo enchufado (este chico parece que tiene que salir desde el banquillo para ver su mejor versión de él) y Endrick demostrando que le hace falta muy poquito para crear peligro.
Mención aparte merece Modric, con quien no haré leña del árbol caído. Sólo dejaré una sensación que me inunda cada vez que le veo salir en la segunda parte: minutos que juega Modric son minutos que no juega Arda Güler.

Y ahora llega el parón de selecciones (maldito parón y malditas selecciones). A rezar para que todos vuelvan sanos y salvos. Hasta entonces…

HALA MADRID Y NADA MÁS.

ALARMA, CARLO

Tres partidos de Liga. 2 empates y una victoria. 5 puntos y a 4 del líder, el Barcelona.

Esto no tendría mayor impacto si no fuera por la sensación que está dejando el equipo a comienzos de este año. Año en el que todos los madridistas habíamos hecho de esta plantilla una plantilla invencible. ERROR. Y, pensándolo bien, quizá sea mejor ahora recibir la hostia de realidad que más adelante… Toque de atención, Ancelotti preocupado y revuelo en el entorno.

En el plano futbolístico (el propio Ancelotti ha dejado claro que el problema está aquí) el equipo no carbura. No tiene fluidez en ataque, pero tampoco es ordenado en defensa.

Ofensivamente ya lo comenté en mi anterior post. Hay un atasco en el centro del campo, una falta de claridad y una ausencia de toma de mando, preocupante. El ritmo de juego es lento y la movilidad es nula. Todos los balones al pie, sin explotar espacios.
El madridismo se acuerda de Kroos, porque en una obra se necesita un buen arquitecto. Y ahora, sin la mente pensante, los obreros no saben por donde empezar.

Defensivamente es probable que estemos ante el mayor caos en mucho tiempo. Las distancias entre las líneas es grotesca. Los tres de arriba se desentienden de ayudar, el centro del campo trata de tapar agujeros y la defensa se mete en bloque bajo, por lo que dicha distancia aumenta.
Anoche el centro del campo estaba compuesto por Tchouameni, Valverde y Modric. El croata empezó por delante, siendo la punta de un rombo que dejaba a su espalda al francés y al uruguayo solos ante el peligro. Las Palmas sólo tenía que meter a dos jugadores entre líneas para ganar superioridad y recibir en 3/4 partes de campo de cara a la defensa rival.

Primer movimiento en salida de balón de Las Palmas:
La salida de balón es limpia debido a una mala disposición táctica del Madrid. La distancia entre la primera línea «de presión» del equipo está muy alejada del centro del campo (Modric salta a la presión y deja descubierta la línea media, con Tchouameni muy anclado atrás) Cuando el jugador de Las Palmas recibe el balón, Tchouameni debe dejar a su marca para saltar al poseedor del balón, llegando tarde y dejando a sus espaldas a un jugador libre de marca.
Y lo mismo pasa en el otro perfil. Si salta Tchouameni, es Valverde el que se queda solo.

Segundo movimiento en salida de balón de Las Palmas:
Se genera superioridad (cuadrado gris) con 4 jugadores del Madrid descolgados (Mbappe, Brahim, Vinicius y Modric). Esto supone que Las Palmas afronta un ataque con 8 jugadores frente a 6 defensores del Madrid.
Las opciones del poseedor del balón aumentan (cuadrados rojos) y la defensa se ve desbordada. Los jugadores de Las Palmas que se sitúan entre líneas, tienen la posibilidad de darse la vuelta y encarar de frente a una defensa con 40 metros a sus espaldas. Muy complicado de defender.

Ya en la segunda parte, con el marcador en contra y la necesidad de darle la vuelta al partido, el Madrid mejoró. Las Palmas reculó a un bloque más bajo y el Madrid, a fuerza de empujones, fue creado ocasiones. Hasta que llegó el penalti y el empate (coincidiendo con la salida de Güler, quien trabajó entre líneas, Rodrygo, con mayor movilidad que Brahim y Fran García, con mayor profundidad que la que ofreció Mendy)
A partir de ahí, poco más. Un Madrid con prisas pero inoperante. Salió Endrick por Vinicius en el min 83 (ojo con este cambio porque creo que al brasileño no le hizo mucha gracia) y tuvo dos ocasiones (tenía que haber salido bastante antes…)

NOTAS APARTE:

  1. Vinicius: está fuera. No sé si es por la llegada de Mbappe, que le quita portadas, si por la supuesta oferta de Arabia, que le haya podido descentrar, o simplemente porque no está fino.
    No es el Vinicius que encara una y otra vez. No es el Vinicius que juega a un ritmo mucho más alto que los otros 21 jugadores de campo. No es el Vinicius que juega para el equipo.
    Es un Vinicius egoísta, un Vinicius que no ayuda y que está más pendiente de lo de fuera que de lo de dentro. Y así no marca las diferencias. O quizá sí, pero en contra.
  2. Banquillo: quizá tengamos la plantilla con mayor calidad de la historia del Real Madrid. Jugadores excelsos en lo técnico. Jóvenes con una calidad fuera de dudas.Y son ellos quienes deben ponérselo difícil al técnico. Los que deben dar un paso al frente, tomar las riendas y asumir responsabilidades. Los Brahim, Güler o Endrick, principalmente, deben dejarle claro al técnico que tienen, o deben tener, las mismas posibilidades de jugar que los Rodrygo, Bellingham, etc. Ahora, en este momento de caos e incertidumbre (junto con las lesiones que haya), deben colarse en el hueco que éstos les dejan. Y, por el momento, no lo están haciendo.

Carlo Ancelotti ha dicho en rueda de prensa que ha detectado el problema y que tiene solución. Y que depende de él. Eso me gusta, que asuma su responsabilidad, pero ojo… ALARMA, CARLO.

HALA MADRID Y NADA MÁS.


NO KROOS, NO PARTY

No quiero caer en lo fácil, en lo recurrente ni en lo dramático. Y trataré de ser lo más objetivo posible en las próximas líneas, aunque no me será sencillo. Menos mal que han pasado ya unas horas de la finalización del partido, porque si escribo justo después, hubiera pedido la cabeza hasta de Florentino (bueno, hasta aquí nunca llegaría, ni aunque cerrara la puerta y desmadejase al club).

Ayer tocaba lavar la imagen de Mallorca y más que lavarla, la empeoró (ojo, bajo mi punto de vista). Todo el mundo hablaba de que el Valladolid iba a pagar los platos rotos de la jornada anterior, pero su vajilla salió intacta del Bernabéu. Ni quiso ganar, ni quiso jugar, pero tuvo un planteamiento defensivo impecable. Vino a no salir escaldado y se fue con un 3-0 que, a mi entender, fue demasiado amplio para lo que hicieron almos equipos.

La alineación fue la misma que en Son Moix, salvo la entrada de Arda Güler en detrimento de Bellingham, que estará de baja un mes aprox. He de decir que Ancelotti me sorprendió porque tenía claro que jugaría Modric por delante del turco o de Brahim, que se postulaba como otra alternativa. Y esta decisión, dice mucho del papel que va a tener que asumir Modric esta temporada. Ya veremos si no trae problemas que el croata haya decidido quedarse un año más.

El partido no tuvo mucha «chicha», por desgracia. Un Valladolid replegado desde el primer minuto, un Madrid sin ritmo de juego, sin ideas y sin planteamientos para romper ese muro pucelano. Unos abogan por la falta de chispa y otros, entre los que me incluyo, por falta de recursos futbolísticos. Y me explico, porque no es que al Real Madrid le falte fútbol con los jugadores que tiene, sino por las características de la plantilla.

Como titulo a este post, «No Kroos, no party». Nunca he sido viuda de nadie porque los jugadores vienen y van. Si ya lo dije con la salida de Cristiano, lo debo decir ahora con la de Kroos. El portugués nos dejaba huérfanos de 50 goles al año, pero el alemán nos deja huérfanos de fútbol. El control, la velocidad de juego, la templanza en determinados momentos, el ritmo de juego, e incluso la confianza del resto de jugadores, dependía en gran medida del alemán.
Todos aquellos que ya peinamos canas y que como yo, comíamos frente al televisor viendo una serie llamada «El príncipe de Bel-Air», recordaremos un capítulo en el que Will Smith era la figura de su equipo de baloncesto. Y por supuesto, como gran protagonista, la estrella del mismo.
En ese capítulo al equipo se le complicaban las cosas y en un tiempo muerto, el entrenador dejaba las cosas claras dando unas instrucciones precisas: «Balones a Will». Pues eso mismo ocurría en el Real Madrid de estos últimos años. En caso de problemas, balones a Kroos. Él ya se encargará de dar la mejor solución. Y ayer, al igual que en Mallorca, dio la sensación de que faltaba ese guía, esa manija, esa solución que disponía al resto de piezas sobre el tablero.

Y, como terminé mosqueado, preocupado y con la sensación de no entender cómo un Real Madrid no es capaz de encontrar soluciones a una defensa replegada en bloque bajo y con un ataque estático inoperante, me dio por buscar estadísticas (y ojo, no creo mucho en ellas, pero ya se sabe: no te acuerdas de Dios hasta que no te ocurre algo).
Como bajo mi punto de vista lo que le faltó al equipo, entre otras muchas cosas, fue ritmo de juego y velocidad en la circulación de balón, miré la forma de juego del centro del campo actual del equipo, en forma de pases y asociaciones (conexión) con el ataque madridista.
Sólo tuve que buscar las estadísticas de los pases realizados por los jugadores que deben tomar el relevo del alemán (al menos en la salida de balón, aunque sea por posición): Tchouameni y Valverde. Y estos son los resultados:

Asombroso! En dos partidos, el futbolista francés ha dado 143 pases buenos, de los cuales 135 han sido en corto. Esto supone un 94,40% de pases «seguros». O lo que es lo mismo, de cada 20 pases SÓLO da uno en largo. Y cuando hablo de pase largo, quiero decir un cambio de juego, por ejemplo.

Ahora vayamos a ver las de Valverde:

Más asombroso aún!! El uruguayo SÓLO ha dado 2 pases en largo en los dos partidos que llevamos de liga. De 123 pases, 121 en corto. Pases de seguridad, pases al pie del compañero. Y así es IMPOSIBLE que haya velocidad de juego.
Además, hay que tener en cuenta que Fede Valverde es un grandísimo conductor de balón, con una zancada poderosa. De los mejores jugadores de Europa que mejor rompe líneas en conducción y, de momento, aún no ha roto ninguna. Y esto tambien se nota…

Y como las comparaciones son odiosas, vayamos a ver lo que ofrecía Kroos. (Menos mal que esto no lo leerá casi nadie, pero si así fuera, seguro que tendría las típicas frases de «es que no se pueden comparar», «es que son futbolistas distintos», «es que tienen cualidades totalmente distintas», etc. Y sí, lo compro, pero también tenemos que ver la realidad de los datos)

Es cierto e injusto que estoy comparando 2 partidos con una temporada completa, pero quiero que se me entienda. La alternancia de pases cortos y largos que ofrecía el alemán están muy lejos de lo visto esta temporada en Aurelien y Fede.
Cuando tienes que mover el árbol es necesario alternar los ritmos de juego y la velocidad del mismo. Atraes a jugadores cuando juegas en corto, porque acumulas defensores en espacios cortos y con una defensa estrecha (como la de ayer), pero también ese juego te ofrece soluciones en largo. Y ahí haces correr al rival. Ahí encuentras espacios y desajustes en la defensa rival. Y en eso Kroos era el mejor.

Quizá son mis ideas, mi desconocimiento o mi obsesión por entender cómo podría el bueno de Carlo mejorar esta imagen de principio de temporada. Quiero comprar la idea de todos aquellos que tienen paciencia y piensan que estamos aún «en pretemporada» o que «el equipo necesita tener más chispa», o que «el equipo debe adaptarse». De verdad, quiero comprarla, pero me preocupa.

Por suerte, tenemos hoy mismo el comienzo de la tercera jornada, lo que no nos dejará pensar en todo esto. Veremos el jueves en Las Palmas…

HALA MADRID Y NADA MAS.

MAL RESULTADO Y PEOR IMAGEN

Comenzaba ayer la Liga en Mallorca para el Real Madrid y el equipo demostró estar de resaca tras el primer título de la temporada. Mismo once que en Varsovia.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que el Real Madrid va a ser el equipo a batir, una vez más, en esta temporada. Todos los equipos se van a medir al que, según gran parte del mundo fútbol, considera el mejor club de Europa. Y esto implica que la plantilla tiene que dar un paso al frente para saber que el esfuerzo debe ser aún mayor, pues las batallas, cada semana, van a ser más duras, más encarnecidas.

Es cierto que, a toro pasado, todos sabemos qué debería haber hecho Carlo Ancelotti con respecto a la alineación. Si nos situamos en el domingo a las 20 horas (una hora previa al partido), gran parte de la afición madridista hubiera firmado esa alineación. Una hora después del partido, esa gran masa social hubiera hecho cambios en el once inicial. De ahí que sea muy sencillo hablar una vez terminado el partido. No seré yo quien critique a Carlo Ancelotti por la alineación inicial, pero sí por la capacidad de tomar decisiones a lo largo del encuentro.

El partido comenzó muy igualado, con un Mallorca que salió a morder durante los primeros 10 minutos, hasta que el Real Madrid, en un primer zarpazo, anotó el primer gol. Buen gol de Rodrygo.

A partir de ese momento el Madrid se hizo dueño del partido, llegando incluso a demostrar una superioridad aplastante hasta el descanso. El equipo se sentía cómodo por delante en el marcador y se deleitaba «sobando» el balón, con jugadas eternas, metiendo al Mallorca en su área y haciéndole replegar y achicar agua. El Madrid se divertía en la frontal del área y se pudo cerrar el partido antes del descanso, pero ya se sabe que, cuando dejas escapar esa oportunidad, terminas pagándola. Y llegó el descanso.

A día de hoy, no existe ningún equipo que gane sin esfuerzo. Tienes que estar al 100% o cerca de ello para poder llevarte los tres puntos. Todos los equipos te van a plantar cara, te van a crear ocasiones. Y no te puedes relajar. Debes cerrar el partido antes. Sin concesiones.

Pasado el partido, unos hablan de falta de actitud (como el propio Carlo Ancelotti) y otros del nivel físico del equipo, apoyados en que estamos al inicio de la temporada y que algunos jugadores sólo llevan unos pocos entrenamientos. Yo estoy más con el míster (que imagino que algo sabrá).

Creo que al bueno de Carletto le preocupan dos cosas. Y ambas, tienen solución, aunque difícil de gestionarla. La disposición táctica del equipo, con posiciones a cubrir muy concretas y la propia gestión de la plantilla, dando descanso a algunos y abriendo la puerta a otros.

La primera, tiene que ver con la propia plantilla. No existe otro Toni Kroos. La falta del alemán este año va a acarrear muchas dudas, muchos cambios de roles y algún que otro disgusto. No hay, ni en la plantilla ni en el mundo, un jugador como el teutón. Un director de orquesta, un perro pastor que organice al rebaño, una boya de seguridad a la que agarrarse cuando quema la pelota. Ese «en caso de duda, dársela al rubio». Ojo, ni lo tenemos, ni lo tendremos. Y hay que asumirlo cuanto antes, porque si creemos que los nombres nos darán los resultados, estamos equivocados.

El mediocentro organizador no puede ser Tchouameni. Ese jugador que debe llevar la brújula no puede (ni debe) ser el francés. Siempre he pensado que las características del jugador son más de interior, que de pivote pero…qué sabré yo. Se trata de un jugador lento en la circulación y el Real Madrid de este año precisamente lo que necesita es velocidad. Velocidad para que el balón llegue rápido a los de arriba, sin tener a la defensa ya plantada en la frontal. Transiciones rápidas, vertiginosas. Que alguien haga sonar la trompeta y los Fede, Bellingham, Vini, Rodrygo y Kylian salgan en estampida llevándose por delante a cualquier adversario.

Fede Valverde tampoco es un mediocentro, aunque juegue en esa posición con Uruguay. El pajarito es un jugador «box to box», un jugador con recorrido, con un físico imponente y con una conducción de balón que rompe líneas con suma facilidad. Quizá Carlo debería apostar por un doble pivote con ambos, mientras se recupera Camavinga, a quien considero que se le adapta mejor esa faceta de pivote organizador. O quizá no «organizador», sino «distribuidor».

Y mención aparte merece Bellingham. El inglés es un animal, pero debe asumir otro tipo de funciones, dada la disposición de la actual plantilla. Tiene un físico majestuoso, un despliegue solidario para todos sus compañeros. Es una estrella disfrazado de currante. Un jugador tocado por la varita, pero con alma de ONG. Su figura debe ser la de «quaterback». Un lanzador de juego, una bisagra que conecte al centro del campo con la delantera. Y que llegue, que llegue en segunda línea. Ahí hace muchísimo daño y, si consigue hacerlo, será el motor del Real Madrid durante los próximos años. Y Vinicius, Rodrygo y Mbappe lo agradecerán.

La segunda preocupación de Carlo es cómo gestionar esta plantilla. Él sabe cómo hacerlo, pero no siempre puede hacerlo, y también lo sabe. Debe dar minutos a jugadores de segunda línea con tintes de primera, porque te lo han demostrado y lo siguen demostrando (casos de Brahim y Güler, entre otros). Ayer el banquillo visitante de Son Moix estaba cubierto, entre otros nombres, de jugadores como Modric, Ceballos, Güler, Brahim o Endrick. Sin menospreciar al resto, por supuesto. Y aquí viene una de las «razones» de parte del madridismo para dar respuesta al empate de ayer: «Algunos jugadores del once inicial llevan sólo unos pocos entrenamientos. Tienen que coger ritmo y adaptarse». ¿Entonces por que no juegan los Güler, Brahim, Lucas Vázquez o Endrick, que han realizado una pretemporada completa? No sé si desde el minuto 1, pero lo que sí sé es que no desde el minuto 83, como ayer hizo Carlo. Pero, que sabré yo de fútbol…

Resultado: empate (1-1) Primer pinchazo no esperado.

Cero dramas, pero sí los ojos abiertos y las orejas arriba. Los madridistas vamos a exigir más, mucho más.

¡HALA MADRID Y NADA MÁS!

LLEGA UNA NUEVA TEMPORADA

Comienza el juego. Comienza la Liga. Y con ella, las ilusiones y decepciones de todos los aficionados al fútbol, incluidas las de un servidor.

Sólo faltan cuatro días para una nueva temporada repleta de partidos, de horas de fútbol en distintos países y diversos estadios. Horas de entretenimiento delante de la caja tonta que, para muchos, nos alivia de otras situaciones de las que no escribimos (aunque debiéramos…), pero que nos ahogan a diario. Como diría aquella canción: un vicio inexplicable.

Arranca una Liga que, según muchos, está en decadencia. Una Liga a la que sus propios dirigentes han puesto en el punto de mira. Un torneo manchado, un torneo secuestrado.

Quizá la ilusión de muchos, entre los que me incluyo, ha pasado de ganar este campeonato a simplemente disfrutar de su esencia: un deporte que abarca muchos aspectos, más allá del ganar y la rivalidad. Esto se lo dejo a los aficionados que, sea como sea y de la forma que sea, se preocupan más del rival y de los árbitros que de su propio equipo. A mí no me verán en ese barco.

Abogo por un fútbol divertido, por una competencia sana y por ese espectáculo que todos aquellos jugadores virtuosos nos puedan ofrecer con la pelota (aquella de la que tantos se olvidan). Quiero un fútbol vivo, un fútbol en el que puedas ganar o perder. Ese fútbol atractivo que disfrutas cuando juegan dos equipos de los que no eres hincha. De esos que cuando termina el partido te quedas con la sensación de que has disfrutado como un niño pequeño.

A esta edad quizá lo único que me importa es disfrutar y ver fútbol (principalmente los partidos de mi equipo, el Real Madrid). Ya pasaron los años de terca rivalidad, de enfados absurdos y de pataletas de niño. Si hay que llorar de alegría, se llora. Y si hay que llorar de tristeza, también. Pero siempre, SIEMPRE, por un sentimiento que me provoque el fútbol, no todos aquellos que lo rodean. Eso me propuse hace unos meses y eso cumpliré.

Todo esto no quiere decir que no vibre antes de cada partido, que no me suden las manos en las eliminatorias de Champions o que deje de divertirme por ver cómo pincha el equipo rival. De lo único que me alejaré es de todo aquello que me reste, que me genere negatividad, que me provoque perder un segundo de mi vida en preocuparme por algo que no deja de ser un deporte.

Y ahora hablemos del Real Madrid y las expectativas que, bajo mi punto de vista genera.

Venimos de ganarlo todo (o casi todo), con la confianza por las nubes y con nuestro máximo rival en horas bajas (o muy bajas, según quien opine). Esa confianza no es la misma que la de años anteriores, se nota distinta. Quizá hasta mejorada. Quizá…hasta peligrosa.

El año pasado nos acercamos a la excelencia. No en cuanto a fútbol, pero sí en cuanto a las notas finales de curso. Empezamos con tropiezos inesperados, con lesiones de jugadores muy importantes (incluso de algunas caras nuevas que ilusionaban, como Arda Güler), pero nos supimos sobreponer a los problemas y volver a demostrar al mundo entero que el ADN del Real Madrid es la entrega y la perseverancia del club que, siendo el mejor, lucha cada día por mejorar.

Como parte positiva destacaría la unión de un vestuario mezcla de veteranos y noveles, como dice nuestro himno. Dicen que la unión hace la fuerza y esa unión no cabe duda, nos hizo más grandes.

Un vestuario que, con jugadores que llevaban mochilas llenas de títulos, mostraban el camino a otros que, con menos títulos, pero con la misma ilusión, afrontaban cada partido con la convicción de darlo todo por escudo que llevaban en el pecho. Carvajal, Nacho, Modric o Kroos (entre otros) enseñaban a los Camavinga, Tchouameni, Brahim, Fran García, Joselu, Güler o Bellingham, el significado de vestir esta camiseta. Camiseta que es traspirable con ese fin, el de interiorizar cada segundo que pertenece a este majestuoso club.

Este año será peligroso. A un equipo campeón se le suma el que, para muchos, es el mejor jugador del mundo: Mbappé. Y eso conlleva la presión de, al menos, repetir lo de la temporada pasada. Error si así lo vemos, claro. Mbappé ayudará a ser más fuertes, pero no siempre los más fuertes ganan. Y si no ganamos, surgirán los problemas. Y si eso ocurre, a mí me pillarán sentado, animando a mi equipo, como siempre lo hice, porque…

Ser del Real Madrid es sentir que formas parte de una historia eterna. Que cada gol y cada título son un capítulo más en un libro que nunca dejará de escribirse. Si se me permite, es el orgullo de pertenecer a un club que ha trascendido fronteras y generaciones, que ha sido cuna de los más grandes jugadores y que sigue siendo el sueño de muchos otros que vendrán. Es saber que, pase lo que pase, el Real Madrid siempre volverá a levantarse, con la mirada fija en el horizonte y la convicción de que lo mejor siempre está por venir.

HALA MADRID Y NADA MÁS.

SAMBA MADRIDISTA

Quinta jornada de liga y quinta victoria. 15 de 15. Esta vez en el Bernabéu, con un aforo casi lleno, aún en el horario al que a nadie parece contentar (a las 14:00 horas), justo en horario de comida.

El partido se presentaba cómodo, ante un Mallorca que venía con piel de cordero y un Madrid que denota contundencia. De ahí que Ancelotti diera descanso a varios de sus jugadores (además de los lesionados o tocados). No serían del once jugadores como Carvajal, Militao, Modric, Tchouaméni o Benzema. En su lugar, se daba entrada a Lucas, Rüdiger, Ceballos o Hazard.

El primer tiempo transcurrió con un ritmo lento (Kroos y Ceballos siendo los que hacían circular la pelota), previsible y con falta de ideas. El balón lo tenía el Madrid y el Mallorca se encontraba agazapado con un bloque bajo (odio este término, he de decirlo), concentrando al equipo en 25 metros. Muy complicado para el Madrid entrar en esa maraña, y más a ese ritmo y sin abrir el campo con Rodrygo y Vinicius (el primero ya comentó al finalizar el partido que el entrenador le había dado órdenes de sumarse al centro porque en banda tendría poco desborde). Hazard, Vinicius y Rodrygo chocaban entre los centrales mallorquines una y otra vez. Se percibía que el partido iba a tener que trabajarse desde la paciencia.

Y entonces llegó el susto. Gol del Mallorca tras una falta botada por Kang-In Lee, que ponía un balón en la cabeza de Muriqi, ante la pasividad de la marca de Mendy (no culpo al francés, sino a quien haya tomado la decisión de que su jugador más peligroso por arriba fuera cubierto por un jugador que no pasa de 1,80 metros. ¿Por qué Rüdiger, que es nuestro mejor efectivo aéreo no es quien coge la marca de su mejor hombre en estas jugadas? Inexplicable.

Ahora tocaba remar. Eso sí, con la sensación de que podría llegar el gol tarde o temprano. Y llegó. Llegó en forma de violencia. Courtois saca el balón con las manos a Ceballos (al borde del área propia) y éste descarga de inmediato sobre Valverde. Lo demás es para verlo una y otra vez. El séptimo de caballería sonaba en el Bernabéu al ritmo del «pajarito». ¿Qué diablos «el pajarito»? El HALCÓN URUGUAYO. Qué zancada, que violencia en su estampida, que belleza en su conducción… 52 metros él solito, dejando rivales atrás y plantándose en la frontal del área para lanzar un golpeo perfecto a la escuadra. Majestuoso. Tablas en el marcador. Y llegaba el descanso.

En la segunda parte, el monopolio del balón fue del Real Madrid. Juego embarullado por un Mallorca que se agarraba al empate como si su vida se fuera en ello. Tanto es así que casi no se jugaba al fútbol. Hasta que aparecieron los niños brasileños. Rodrygo de 9 es mucho más jugador que Hazard. Tiene una verticalidad y un descaro absoluto. Quizá no sepa jugar de espaldas (como hoy se le pide a casi cualquier delantero), pero es que sabe jugar muy bien de frente a la portería. Con su facilidad de regate y asociándose con su amigo Vini, pusieron al Bernabéu boca abajo. Dos amagos y tres dribling para dejar a Vinicius una maravillosa pelota en la frontal que éste, con un control sublime hacia afuera se plantaría frente a Rajkovic para batirle con pierna izquierda. 5 goles en 5 partidos. Brutal.

Y ahí se acabó el partido para el Mallorca. Las ocasiones se fueron generando por sí solas y en una de ellas, otro regalo de Rodrygo al madridismo. Jugada individual dentro del área que materializaba con dos recortes secos a los defensores (a uno le dejó sentado) y una buena definición de delantero. 3-1. y faltaba la guinda del pastel. Falta lanzada por Kroos y remate con pierna izquierda de Rüdiger. Se lo merecía. Jugador muy querido por la afición y, tengo la sensación, de que también en el vestuario. 4-1.

Entre los detalles, varios apuntes:

  • Lesión muscular de Lucas. Esperemos que sea poco. Vienen jornadas importantes y Carvajal es una incógnita con las lesiones.
  • 90 minutos para Kroos antes de la jornada de Champions y del derbi.
  • Gran Ceballos. Su actitud está fuera de toda duda. Compromiso y circulación de balón.
  • Enfado de Asensio por no tener minutos. Al madridista no debe preocuparle, al jugador sí.
  • Rodrygo debe jugar. Tiene que jugar, donde sea, pero debe jugar.

Líderes y con buenas sensaciones.

HALA MADRID Y NADA MÁS.

ALGO SE ESTARÁ HACIENDO BIEN

Algo se estará haciendo bien cuando somos, hoy por hoy, el único equipo invicto de las grandes ligas europeas. Terminamos como campeones de Europa, empezamos como supercampeones y en 4 jornadas de liga no hay traspiés. Y aún así, seguimos penando por no tener a jugadores como Haaland o Mbappé. Pues nada…sigamos mirando al de enfrente y no disfrutemos de este maravilloso camino.

El pasado sábado se presentaba el Real Madrid ante su afición, en su estadio. Ese estadio que tantas y tantas noches de locura albergará no tardando mucho. Ese estadio que para muchos, no marca goles, no gana partidos y no es necesario. Ese estadio que callará las bocas de miles de personas que creen que sólo se lleva a cabo para regocijo del presidente.

Y en ese estadio, con un Betis «amigo», se presentaba el equipo. Un Betis que venía de ganar sus tres primeras jornadas de liga y presentando un fútbol atractivo y de pelota. El equipo de Pellegrini, otra cosa no, pero manejar la pelota sabe hacerlo muy bien, fundamentalmente por jugadores como Canales o Fekir, dos maestros en esto de jugar a su antojo. El primero, injustamente tratado por un seleccionador al que se le ven cada vez más los intereses personales. Y el segundo, porque es una de las estrellas de esta liga. Un jugador minusvalorado por su cabeza, pero con una pierna izquierda que no tiene nada que envidiar a otras que han sido encumbradas por aficionados y periodistas durante años…

Entre tantas y tantas cosas, se disputaron 90 minutos de buen fútbol. El Madrid, con una declaración de intenciones en su once inicial, prometía verticalidad. Sentando a Kroos y con la entrada de Camavinga, se antojaba un ritmo más alto y una apuesta por apretar más arriba a un Betis que acostumbra a salir con el balón muy bien jugado. La consigna era clara: ahogar la salida para recuperar pelota lo más arriba posible.

Otra de las novedades de Don Carlo fue la entrada como titular de Rodrygo (bendito jugador). No me escondo: soy fan declarado del brasileño. Un talento descomunal, menos vistoso que Vinicius, pero con unas cualidades excepcionales.

Muchos dicen que la posición que ocupa en el ataque blanco no es su sitio. Que quizá, pudiera hacer más daño arriba o cambiado de banda. Y puede ser, pero no se dará tal caso por un simple motivo: Vini si está limitado a jugar en izquierda. Por dicha razón Rodrygo es más versátil, se adapta mucho mejor a otras posiciones y es capaz de aportar grandes recursos al equipo.

Pero hablemos algo del partido. A los 9 minutos, en una carrera de las suyas, Vinicius ponía el 1-0 en el marcador. Arrancada desde la banda izquierda con un pase medido de Alaba que le plantaba frente al portero. Toque suave por arriba y para adentro. Una vez más, todos nos acordamos de Vini fallón que, en otro momento, jamás hubiera metido la pelotita a guardar. Pero ahora sí, porque ha mejorado, ha madurado y la toma de decisiones que actualmente tiene, no es la de antes.

Antes del descanso, y como no podía ser de otra manera…fallo defensivo que le costaba caro al equipo. Esta vez sería Carvajal el que se despistara en la marca con Canales (no celebró el gol por respeto a su pasado blanco, lo cual es de agradecer). Nos íbamos 1-1 al descanso, pero con la sensación de que lo sacaríamos adelante. Y así fue. Una segunda parte al mismo ritmo que la primera, con ocasiones claras de gol que no fueron materializadas, en su mayoría, por un Benzema que no estuvo fino. Sin embargo, ahí volvería a aparecer Rodrygo, quien marcaría el segundo gol en una buena jugada por banda derecha de Fede Valverde. 2-1 y tres puntos vitales para encarar el primer partido de Champions.

HALA MADRID Y NADA MÁS.

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