Nueva sensación de que el Real Madrid es un equipo formado, sólido y con dos registros bien distintos. Uno de control y juego lento, y otro vertiginoso, de piernas, de músculo,…
Ancelotti planteaba esta tercera jornada de liga con algunas novedades en su once: Lucas suplía a Carvajal, Alaba de lateral izquierdo (dejando a Rüdiger de central) y Modric y Kroos al mando.
Se preveía un partido en el que el Madrid quisiera el balón, manejara los tiempos del partido y esperara la oportunidad que Vinicius o Benzema se generasen. Y así fue durante los primeros 20 minutos, hasta que llegó el gol. Gran asociación de Tchouameni en la frontal, que con un gran pase filtrado a Vinicius, remató de primeras el brasileño.
Y llegó el empate del Español justo antes del descanso. Tocaba remar.
Tocaba el plan B: Camavinga por Modric (yo hubiera quitado a Kroos) y Rodrygo por Fede Valverde. Lo del francés empieza a resultar insultante. Sus 19 años son una pura anécdota para este deporte, pero el poderío físico que demuestra cada vez que juega el chaval, es demoledor. Técnicamente muy bueno, físicamente portentoso y tácticamente comprometido. Un jugador que debe jugar de inicio, con permiso de nuestra dupla «croatalemana».
Lo mismo creo de Rodrygo. Uno de los jugadores más desequilibrantes del equipo que necesita muchos más minutos. El balón que pone a Benzema en el segundo gol es oro puro.
Mención aparte merece el nuevo ídolo madridista: Aurélien Tchouaméni. Imponente, incansable, portentoso. Un mediocentro que ya se ha hecho un hueco en el actual campeón de Europa. Muchos creíamos que Casemiro sería irremplazable, pero ahora (2 ratos de fútbol más tarde) nos damos cuenta de que un chaval francés de 22 años puede, futbolísticamente (quizá no por títulos, que es casi imposible), hacer olvidar rápidamente al brasileño. Cambio de cromos perfecto. Y con 8 años menos…
Victoria contundente en Balaídos. 1-4 y tres puntos más en un inicio de Liga en la que el Real Madrid jugará sus primeros tres partidos a domicilio.
Quizá el marcador, visto el juego del Celta, durante la primera parte fundamentalmente, fue un poco abultado. Pero todo tiene su explicación. El Madrid tiene dos registros muy distintos, pero ambos efectivos. Y eso está trabajado por Carlo Ancelotti.
Por un lado, equipo es capaz de controlar el juego, aunque a veces parezca que el equipo está replegado. Cuando esto ocurre, se ve un grupo organizado, comprometido y con actitud de poderío defensivo. Lo que tienen en la cabeza está clarísimo: «aguantemos el empuje, que llegará nuestro momento». Planteamiento de control. Si tienes la pelota, tocas. Si la pierdes, te organizas.
Y por otro lado, el equipo sabe que en un partido de ida y vuelta tiene todas las de ganar. Sobre todo en estos partidos en los que su pegada es demoledora. Con espacios y con los jugadores que tiene esta actual plantilla, este estilo lo veremos muy a menudo. Pero expliquemos esto, porque este estilo tiene nombres propios.
El jugador que decanta el estilo de juego es Toni Kroos. Cuando juega Toni, el Madrid baja la marcha, toca más, tiene mayor precisión y menos fallos. Una garantía para controlar el partido, para matarlo con el balón en nuestros pies. Y cuando esto ocurre, si Modric está en el campo, éste actúa de guía. El primero pone la pausa y el segundo acelera el ritmo cuando ve oportunidad de hacer daño. ¿Pero qué pasa cuando no juega el alemán?
Cuando no juega Kroos el Madrid es muy distinto. Como se ha dicho, pierde efectividad en la salida de balón, precisión y control; pero gana en intensidad, en ruptura de líneas en conducción y en atacar como una estampida. Ahí se ven jugadores como Fede Valverde, Camavinga o Vinicius. El uruguayo necesita campo (estoy seguro de que se queja de que sólo mida 105 metros, porque necesita 210) y Kroos relentiza su salida. Camavinga rompe líneas con una facilidad pasmosa (su físico se lo permite y su calidad lo ratifica) y Kroos le hace tocar más, en paralelo, porque Toni tiene el timón. Y Vinicius porque le ponen balones en largo o en carrera, pillando al defensor retrocediendo, lo cuál dificulta aún más poder tapar al brasileño. Cuanto juega Kroos, el ataque es más estático y cuando Vini encara, tiene dos o tres defensas encima.
Que quede claro que esto no es una crítica a Kroos. Todo lo contrario. Es una bendición que el Madrid pueda disponer de ambos estilos de juego.
Y queda por comentar el debate de la semana. ¿Tchouameni sí o Tchouameni no? Mi respuesta es: SÍ, SIN LUGAR A DUDAS.
El francés de 22 años tiene un poderío físico pocas veces visto en jugadores de su edad. Va bien por arriba, por abajo, recupera, impone y se maneja a las mil maravillas en una posición que, tácticamente, quizá se la más complicada de jugar en el fútbol actual. Estamos de acuerdo en que sólo es su segundo partido, pero apunta maneras. Sólo le falta perder esa timidez que ayer, en la primera parte, se le vio. Eso y que Carleto le de confianza y minutos.
Se marcha Casemiro. Y con él, gran parte de la identidad del equipo en los últimos años. Un madridista creyente y confeso. Creyente porque siempre ha creído en él y en sus compañeros. Ha creído en su club y en el esfuerzo diario de llegar a ser quien ha sido en el mejor equipo del mundo. Y confeso porque es un madridista más. Uno de esos madridistas que vive el sentimiento como pocos futbolistas llegan a hacer.
Siempre he pensado en Casemiro es el soldado perfecto. Un gregario para los que se llevan la gloria, pero de la que todos los que le rodean le hacen partícipe en su reconocimiento.
Un gregario es alguien que forma parte del grupo sin distinguirse de los demás. Como en el ciclismo. Y a los que hemos seguido este deporte, sobre todo durante los años de Miguel Indurain, aún nos viene al recuerdo ese Tour de Francia de 1991 cuando el navarro lideraba la carrera gala y tenía en las filas de su Banesto a Jean François Bernard. Ese año, en la subida al Alpe d´Huez, etapa que a la postre ganaría el italiano Gianni Bugno. Reposando sobre su manillar, mirada perdida, Jeff (como se le conocía) amilanó los rivales de Miguel Indurain, los secó, literalmente, y dejó en bandeja al navarro el acceso a su primer Tour. Ese día Jeff valió por dos, por tres o por cuatro ciclistas. Fue cuarto en meta, pero el agradecimiento de Indurain quedó patente hacia su gregario.
En el fútbol también existe esa figura. Ese luchador incansable que lleva al líder a conseguir los objetivos. El que suda, el que se sacrifica para que los demás tengan el trabajo más fácil. El que, aunque tenga todas las condiciones adversas, sabes que le vas a tener ahí, para prestarte «la bici» si es necesario. Tu amigo. Tu fiel escudero. Ese es Casemiro. De profesión, «currante».
Ahora tocará mirar al frente (nunca atrás), afrontar la temporada con el trabajo bien hecho por parte de la directiva, cubriendo bien el puesto. Por lo que pudiera pasar (me da en la nariz que muchos, incluido Case, eran conscientes de que esta suculenta oferta, podría llegar).
Tchouameni tendrá el trabajo difícil de hacer olvidar a Casemiro. Jugador potente, con características similares, pero joven, sin tanta experiencia (bien es cierto que Casemiro debutó con 21 años y el galo tiene 22). Personalmente, me aventuraría a decir que podrá hacerse con el puesto y con el corazón de los madridistas en poco tiempo. Las condiciones las tiene y el esfuerzo por mejorar es una de sus principales virtudes. Por lo tanto, hay mimbres para ser optimistas. Solo queda que los madridistas no le comparemos con su antecesor. Sería malo para el chaval y malo para el equipo. Yo, confío.
Y es que el Real Madrid no vende joyas para comprar piedras.
Comenzaba La Liga para el Real Madrid y todo hacía indicar que sería un partido plácido, contra un recién ascendido y con la resaca positiva de haber sido supercampeón de Europa días atrás.
Ancelotti presentaba en Almería una nueva alineación con multitud de cambios, demostrando que la plantilla blanca tiene fondo de armario en casi todas las líneas. Y digo casi todas porque sigo creyendo firmemente que necesitamos un delantero centro suplente que le de un respiro a Benzema, que entre Liga, Champions, Mundial y demás, el francés de casi 35 años jugará no menos de 60 partidos este año. Muy buena suerte correrá Karim si no tiene alguna lesión con esa exigencia.
La defensa contaba con Lucas en derecha, Mendy en izquierda y Nacho y Rüdiger de centrales. Sigo pensando que Lucas no tiene nivel para jugar en el mejor equipo de Europa, pero he de reconocer que siempre me calla la boca. Todo lo contrario que Nacho, que siempre, SIEMPRE, cumple notablemente. Un jugador imprescindible para tener en la plantilla. Excepto Luis Enrique, todos sabemos que tiene nivel selección.
El centro del campo también presentaba novedades, con Tchouaméni de pivote y Kroos y Camavinga de interiores. Flojo partido de los franceses y con un alemán al mando del barco, una vez más.
Arriba repetían Fede, Vini y Karim. El primero, creo que a estas horas sigue corriendo y los otros dos, cómplices dentro y fuera del campo, manejan las defensas a su antojo. Tienen una habilidad para asociarse digna de una pareja de mus. Solo que éstos no necesitan señas. Saben con qué cartas juega su compañero.
El partido comenzó con un Almería valiente, conocedor de que podría hacerle daño al Madrid mientras tuviera fuelle. y ese daño se convirtió en gol en el minuto 5 de partido. Un error defensivo del Madrid que facilitó al delantero adversario plantarse frente a Courtois. 1-0 y 85 minutos por delante.
A partir de ese momento, el Madrid tomó el mando y comenzó a sitiar el área almeriense jugada tras jugada. Un Vinicius excelso aglutinaba 3 y 4 defensores en su zona cada vez que cogía la pelota. Es previsible que el equipo busque al brasileño continuamente, pero todos saben que es la mejor manera de romper la enmarañada defensa contraria.
Descanso. 1-0 abajo. Momento de mover ficha. El partido pedía la entrada de Modric y Hazard. El croata comenzó a mover los hilos. Zarandeando el árbol del Almería se intuía que pronto llegaría el gol. Y así fue. Nuevamente Vinicius, en una jugada al más puro estilo Romario (arrancada brutal de 7-8 metros), trató de definir por debajo de las piernas del portero. Rechace que materializó Lucas de zurda. Sólo había que continuar agitando el árbol para que cayera otro premio. Falta excelsa de Alaba a la escuadra, que parecía que salía del banco para lanzarla, y 1-2. Finiquitado.
Fiabilidad, consistencia, suficiencia. Eso es este Madrid. Un equipo trabajado, con muchos registros. Se avecina una buena temporada. Si los que manejan el cotarro (con televisiones, favores arbitrales, etc.) no hacen de las suyas, claro.
Como en bricomanía: «fácil, sencillo y para toda la familia».
Fácil, porque el Madrid no pasó de la 3ª marcha en los 90 minutos. Sencillo, porque desde el primer minuto se jugó al ritmo que marcó el Madrid. Y para toda la familia, porque no sólo ganar este primer trofeo de la temporada es un mensaje a todos los madridistas, sino también a todos aquellos que festejan fichajes como si de títulos se tratara. Y ya se sabe…»Si no tienes nada bueno que aportar, simplemente escucha (y aprende)».
Ya se ha dicho en muchas tertulias, debates y charlas entre amigos: «El Madrid no juega finales, las gana». De ahí que de las últimas 19 haya ganado 17 (desde 2014, en aquel clásico recordado por la carrera de Bale con Bartra). Y esto es sólo si contamos con el total de finales disputadas, porque si nos fijamos sólo en Champions ha ganado las últimas 8 finales que ha disputado. Y otro dato apabullante: lleva 22 años sin perder una final contra un equipo extranjero. Ahí es ná…
Pero hablemos de ayer, de lo que toca. Un partido con una primera parte simple, lenta y cómoda para un Madrid que jugaba al ritmo de Kroos. Un pequeño susto, solventado nuevamente por Thibaut Courtois (en sus últimas 5 finales lleva 23 paradas de 24 tiros a puerta recibidos) y después, coser y cantar.
El Eintracht era consciente de que enfrente estaba el campeón de Europa y dominador absoluto de las finales europeas, de ahí que saliese temeroso (y más después de recibir un 1-6 en casa contra el Bayern, para comenzar la Bundesliga).Además, en la concentración del partido habían perdido a su mejor hombre: Kostic, quien firmaba por la Juve por unos 16 millones de euros. Por lo tanto, las órdenes eran claras: cerrarse bien atrás y salir a la contra cuando pudieran.
El Madrid sabía que habría que cocinar lento, sin prisas, sin riesgos, porque tarde o temprano llegarían las oportunidades y con ellas el gol. Y si se adelantaban, se cerraba el partido. Es lo que tiene poseer esa experiencia en finales. Y así fue cuando en el minuto 37, David Alaba, con una asistencia de cabeza de Casemiro, empujaba el balón a las mallas. 1-0 y partido sentenciado. Lo demás, coser y cantar. Sólo quedaba la segunda parte para disfrutar y darle entrada a los que participaron de manera activa en la conquista de la Champions del año pasado (Rodrygo y Camavinga) y minutos a los nuevos (Rüdiger y Tchouaméni)
La sensación del equipo es maravillosa. Un bloque experimentado que maneja este tipo de partidos a su antojo. Un portero solvente (el mejor del mundo hoy por hoy, sin lugar a dudas), una defensa rocosa (un Militao sobresaliente y un Mendy que le pondrá las cosas difíciles a Rüdiger si quiere jugar), un Kroos fino, un Modric rejuvenecido, un Fede Valverde, que lo mismo te recorre 40 metros para recuperar un balón, que te estrella un zapatazo en la escuadra como le dejes un balón a tiro y un Casemiro que, por fin, tiene a alguien que le sople en la nuca. Y arriba, la asociación de Karim (próximo balón de oro) y la alegría brasileña de un Vinicius que, se empeña, partido tras partido, en hacernos dudar de si Mbappé realmente era necesario.
Y por si esto fuera poco, este año hay un plan B que mejora enormemente lo de años anteriores. Unos «titusuplentes» que jugarán muchos partidos a lo largo del año. Un Nacho y Rüdiger que apuntalan la defensa más completa de Europa, un Camavinga, un Tchouaméni y un Ceballos que, en más de una ocasión, darán motivos a Ancelotti para que no tenga la decisión más sencilla a la hora de elegir; y un Rodrygo que, si no estuviera en el equipo que está, se hablaría de un prodigio de futbolista (terminará jugando de titular, de eso estoy convencido).
Las dudas de este año serán Asensio y Hazard. El primero porque ni está ni se le espera, y el segundo porque se le espera, pero no está. Y espero enormemente equivocarme.
Ahora empieza La Liga, pero de momento, primer título conseguido. Vamos a por los otros cinco.
Todo camino empieza con un primer paso. Y mañana, ese paso ha de ser firme en el Estadio Olímpico de Helsinki.
El primer partido oficial que jugará el Real Madrid esta temporada es de esos partidos que tienen trampa. Si gana, que es lo esperado, empiezas La Liga con buena cara, pero si pierde, el rostro de los madridistas estará desencajado.
De todos es sabido que Carleto apostará por los 11 jugadores que le hicieron campeón de Europa. Lógico desde el punto de vista meritocrático y sentimental. En esas aguas, el italiano se mueve mejor que nadie: «Si tú me has traído hasta aquí, déjame que yo te invite a la primera». Coherente.
Bajo mi entender, aunque se trate del primer partido de la temporada, mañana conoceremos algunas claves de lo que quiere el mister para este año, porque este año, tiene una plantilla mucho más compensada.
El sistema no cambiará con respecto al 4-3-3 utilizado el año anterior. El único ajuste táctico, que se mantendrá en un comienzo, será el que ya llevó a cabo en el último tramo de la pasada temporada. Valverde acostado a la derecha para ganar músculo en el centro del campo.
Las dudas vendrán con el desarrollo del partido. Si todo se pone de cara, veremos a Hazard, Rodrygo, Camavinga, Tchouaméni, Asensio o Ceballos (jugadores de medio campo hacia adelante), pero no podremos intuir los planes de Carleto para los partidos importantes.
Eso sí, como el Madrid se vea apurado o por debajo en el marcador, ahí es donde podremos ver la intención del entrenador con la gestión de los jugadores. Apostaría porque Camavinga, Tchouaméni y Rodrygo serán siempre de los primeros en despojarse del peto para saltar al campo y dar el primer relevo. En un segundo escalón tendremos a Asensio, Hazard y Ceballos; mientras que Rüdiger, Nacho o Lucas darán alternativas a los titulares en varios partidos.
Tras las dos derrotas (Liga y Champions), el Real Madrid encaraba un clásico peligroso. Si el marcador final era desfavorable para el equipo madridista, sería el entierro periodístico de Zidane. Si era positivo, el equipo y el entrenador tomarían aire. Y el 1-3 en el Camp Nou ha significado el alta hospitalaria de un ingreso con pronóstico más que grave.
El Madrid llegaba con dudas, con dos derrotas y con el hacha sobre la cabeza de Zidane, pero esta victoria hará olvidar, en gran parte, todo lo anterior.
Una alineación sin muchas novedades, salvo la salida de Modric del once titular. Nacho regresaba al lateral derecho después del esperpento de Marcelo la semana pasada, que hizo que Mendy ocupara esa zona. El francés volvía a su sitio, de donde no debe volver a salir, aportando contundencia y una solidez defensiva que remarca aún más la pobre forma física de Marcelo. El centro del campo hoy destilaba potencia y sacrificio, con un buen Casemiro y un enorme Fede Valverde. El uruguayo ha vuelto a su mejor nivel, y lo hace jugando donde más aporta. Se deja el aliento en cada balón, ayuda a sus compañeros y llega arriba con gran solvencia. Arriba, Benzemá, Vinicius y Asensio. Delantera abanderada por el galo, con el sacrificio y desborde del brasileño y recuperando al balear, que poco a poco debe volver a retomar las condiciones que le hiceron ser el niño bonito de la afición cuando recaló en el conjunto blanco.
El Barcelona apostaba por la profundidad de los laterales, un centro del campo con De Jong y Busquets y una delantera con libertad para Messi, arropado con Coutinho y Pedri en los costados y de falso delantero Ansu Fati. Quizá el peor Barca por nombres de los últimos años.
La diferencia entre ambos y con ventaja, a priori, en el bloque azulgrana, estaba en el banquillo. Griezmann, Demebelé y Sergi Roberto, podrían mejorar si el partido no marchaba bien para los culés y, sin embargo, el banquillo madridista ha dado mayor resultado con los Lucas Vázquez, Modric y Rodrygo (los dos primeros salieron por lesiones o molestias de Nacho y Valverde).
Pero, si hay que hablar de una gran diferencia entre ambos clubes hoy en día, tiene nombre y apellidos: Sergio Ramos García. Vaya partido se ha marcado el mariscal. Desde el minuto 1 ha llevado el bastón de mando. No sólo él ha jugado bien, porque a su lado, hasta Varane mejora. Es cierto que con Mendy no tiene que volcarse tanto a la banda izquierda como con Marcelo, lo que el exige desproteger su zona. Y eso también se nota.
La primera parte ha sido un toma y daca entre ambos equipos, con llegadas constantes, gracias a las pérdidas inusuales de balón en los dos equipos. Courtois ha salvado con dos grandes paradas al equipo, manteniéndolo con vida antes del descanso. Entretenidos 45 minutos para los aficionados, que dejaban todo abierto para el segundo tramo.
La segunda parte fue apabullantemente blanca. El equipo salía tocando el balón desde atrás y, salvo unos minutos (desde el segundo gol y hasta el minuto 80) jugó con el Barcelona. El 1-2 llegó a través de un penalti que, si nos basamos puramente en el reglamento, debe sancionarse. El agarrón de Lenglet a Ramos es claro. Inocente jugada del francés, que de no ser porque el sevillano exagera, nadie tendría ninguna duda. Será polémico porque un clásico sin polémica no es un clásico, pero es tan claro como cualquier otro.
En los minutos finales, el Madrid podría haber aumentado el marcador con dos ocasiones muy muy claras, ambas por la banda derecha. Una de Kroos, quien jugó también un enorme partido, y otra de Ramos, que hubiera firmado un partido para el recuerdo si lo llega a materializar.
Tres puntos revitalizantes para un equipo que, el martes, visita Alemania para jugarse un partido muy importante en un grupo de Champions complicado. Hay que retomar esas buenas sensaciones que hoy ha dejado en Liga, para volver a levantar el vuelo y demostrar que el Madrid, como el Ave Fénix, resurge SIEMPRE de sus cenizas.
Comienza la Champions. Ese torneo del que todo madridista se siente orgulloso e hincha el pecho cada vez que suena el himno de su torneo preferido. El escudo siempre ha impuesto respeto allá por donde ha pasado el Real Madrid y seguirá ocurriendo, pero mucho me temo que tendrá que ser en posteriores ediciones. En esta, al menos, tiene pinta de que nos volveremos pronto a casa. Y en casa jugábamos, donde sólo el Cádiz ha usurpado el estadio Don Alfredo Di Stéfano.
Llegaba en la jornada 1 un equipo ucraniano. A simple vista y lógicamente, peor que el Real Madrid. Y más si le sumamos 8 bajas por Covid19. El Madrid con la plantilla intacta, pero con el bloqueo causado por la derrota del sábado pasado ante un Cádiz que nos pasó por encima. Y, tras la alineación, nuevamente sorprendente de Zidane, el tren ucraniano pasó sin hacer parado por Madrid. 0-3 en la primera parte lo dice todo.
Zidane apostaba por Mendy como lateral derecho y Marcelo en el izquierdo. Varane y Militao como parejas de centrales, ante la baja del capitán Sergio Ramos. Y menuda baja! Si no juega el de Camas, Raphael Varane es un central del montón. En el medio comenzaban Modric, Casemiro y Valverde. A priori, fuerza y contención, dejando en los pies del croata el timón del equipo. Y arriba, Rodrygo, Asensio y Jovic. Una delantera que por nombre, podría haber hecho que se nos saltaran las lágrimas hace no más de un año.
En la primera parte se vieron las carencias, y no fueron pocas. Fue un Shajtar Donetsk descafeinado, pero los brasileños del equipo ucraniano parecían los acompañantes de Pelé en el mundial del 70. Dodô, Kornienko, Marlos, Maycon, Tetê, Dentinho o Solomon parecían los Pelé, Jairzinho, Gerson , Tostao o Rivelino de la época. Mientras tanto, los Marcelo, Varane, Militao, Modric, Asensio o Jovic, parecían los jugadores de un equipo amateur.
Si el pasado sábado algunos jugadores quedaron señalados (Isco, Marcelo y Lucas Vázquez, entre otros), ahora les tocaba el turno a otros cuantos (Varane, Militao, Asensio o Jovic, por poner un ejemplo) Jugadores de una primera plantilla que, gracias al beneplácito de Zidane, siguen vistiendo la camiseta del mejor equipo del mundo. Mención especial merece Marcelo quien, si se llega a estar jugando en el Bernabéu y no en el Di Stéfano, hubiera salido entre pañuelos.
El Bernabéu no hace prisioneros y ellos lo saben. La afición del Real Madrid es tan exigente como injusta en muchos casos, pero con estos planteamientos, alineaciones y demostraciones de incapacidad permanente, tendría plena razón, muy a nuestro pesar. Y, personalmente, creo que hay algunos jugadores que no merecen vestir la camiseta de este club. lo han merecido durante años, han ganado títulos y han sido las bases del mejor Madrid de la historia (posiblemente), pero al igual que en la vida, todos tenemos etapas. Y sus etapas ya han terminado. Gracias, muchas gracias, pero deben echarse a un lado y dejar pasar a otros compañeros con más ganas, con más físico y con más ilusión. Y eso pasa porque Zidane lo vea y entienda que su guarda pretoriana, aquella que tantas alegrías le ha dado y quienes le han hecho ser el mejor entrenador posible para este club, ha tocado fondo. En el fútbol, o te renuevas, o mueres. Que le pregunten al Milan, por ejemplo.
El partido dio para poco más, o al menos relevante. La segunda parte mejoró, obviamente, pero no lo suficiente como para poder levantar ese 0-3 que desbarató al equipo en 45 minutos. La única noticia positiva, una vez más, es que Vinicius debe jugar sí o sí desde el principio. SIEMPRE.
Pinta mal la edición de esta Champions. Y pinta mal la Liga, y la Copa. Pinta mal todo lo que rodea al equipo, porque esta vez fue el Shajtar Donetsk, pero el sábado visitamos al Barcelona, y un nuevo ridículo sería el fin. Al menos para algunos. Si Florentino quiere, cambia el rumbo. Veremos…
Me gustaría que algún día Zidane nos explicara a los madridistas el por qué contar con Marcelo cuando tenías a Reguilón, por qué contar con Isco cuando tenías a Ceballos, por qué contar con Lucas Vázquez cuando tenías a Brahim y, por qué contar con Nacho cuando tenías a Achraf…
Tenía que ocurrir. Se venía mascando desde hace tiempo. Si vas a una batalla sin pistolas, tienes todas las papeletas de venirte con el rabo entre las piernas. Eso si al menos luchas, claro.
Ya está bien, ya basta de tomarnos el pelo a los madridistas. Han pasado casi 24 horas del descalabro ante el Cádiz, y aún duele pensar en cómo jugó el equipo. Bueno…más bien cómo no jugó el equipo. No se puede salir así a un terreno de juego. Mal en la confección del equipo, mal en el planteamiento y mal en el terreno de juego.
Cuando un entrenador hace 4 cambios en el descanso (y más Zidane, que acostumbra a hacerlos tarde, mal y nunca), es que algo no lo has planteado bien. Lo que has pensado y con los que has contado, no sirve, no funciona.
Caras nuevas en el once (Marcelo, Isco, Lucas y Nacho). Algunas por obligación, como la de Nacho, y otras posiblemente pensando en el partido de Champions y el Clásico. Y duele decirlo en algunos casos (como el de Marcelo, por ejemplo), pero es que hay jugadores que ya no tienen nivel de Real Madrid.
Cuando un equipo funciona y tiene unos automatismos cogidos, es fácil meter a algunos jugadores de segunda fila en la rotación. No es el caso del equipo blanco, que por no carecer, no carece ni de automatismos (a no ser que automatismos sean la circulación lenta y la obsesión por romper con paredes por el centro de la defensa cuando el equipo contrario está bien cerrado). Esa segunda fila podría ser la segunda fila de otro equipo de Primera División, pero no de la plantilla del Real Madrid.
REPITO: me gustaría que algún día Zidane nos explicara a los madridistas el por qué contar con Marcelo cuando tenías a Reguilón, por qué contar con Isco cuando tenías a Ceballos, por qué contar con Lucas Vázquez cuando tenías a Brahim y, por qué contar con Nacho cuando tenías a Achraf… Nunca lo sabremos, pero no creo que haya más allá de un puñado de madridistas que le compren este capricho a Zidane.
Y así se presentaba el Madrid en Valdebebas, frente a un ascendido Cádiz. Imbatido aún, pero dejando muchas, pero que muchas dudas, con el juego que practica el equipo de Zidane. Y si sales sin ganas, pues te pintan la cara. El Cádiz o el Serranillos del Valle.
El augurio comenzó en el primer minuto, cuando Kroos se relaja al sacar un balón en su propia área y le roban el balón. Ramos estuvo rápido, pero hubiera sido el 0-1 nada más comenzar el partido. Después, llegada tras llegada del Cádiz. Tres o cuatro claras hasta que zas! Te sacan los colores y te la cuelan. Tocaba remontar, cosa inédita desde que dejásemos de jugar en el Bernabéu.
Minuto 45, todos al vestuario. Ramos «lesionado» (posiblemente tocado del parón de selecciones) y tres cambios más: Militao, Valverde, Casemiro y Asensio. Muy bien Zidane!! Modric, Isco, Lucas no merecían seguir jugando, pero vas 0-1 perdiendo en casa contra el Cádiz y necesitas marcar al menos dos goles (algo a lo que tampoco estamos muy acostumbrados que digamos…) Y ahí tenemos nuevamente el debate de Jovic. Le sacamos en minuto 76 a ver si el chaval puede solucionar esto.
Y es que los datos no mienten: 4 remates totales (de los cuales sólo 2 fueron a puerta) en 90 minutos frente a los 14 del Cádiz. Así que, toca agarrarnos fuerte porque vienen curvas. La inicio de la Champions, el Clásico. Y, esperando equivocarme, esto huele mal. Muy mal. Si no tenemos la explicación de Zidane, al menos que veamos cambios en el planteamiento de los partidos y en la actitud de los jugadores, aunque todos sepamos que a las batallas tienes que ir con pistolas.
Quinta jornada de liga y un nuevo sufrimiento para conseguir la victoria (y ya van muchas). Desde que volviera la liga del año pasado, en la rea post-covid, el Real Madrid no sabe lo que es ganar de forma holgada. Sin sufrir, sin tener la sensación de que en cualquier momento se te puede ir el partido. Otro 0-1 y todo gracias al esfuerzo titánico de unos jugadores que, a falta de gol y creación, pelea cada balón.
Si el Real Madrid nunca se ha considerado como un equipo defensivo, desde hace unos meses, podemos decir que su principal característica es la de anotar poco y recibir menos. Resultadista en toda regla. Y no sé si, de ser otro entrenador, Zidane estaría cuestionado.
El equipo hoy duró 60 minutos. Una primera parte de buen juego (sin llegar a ser vistoso) y un primer cuarto de hora de la segunda mitad, en la que pudo sentenciar (incluso golear) al Levante, bastaron para llevarse los tres puntos.
Dice Zidane que «para ganar hay que sufrir», y no le quito razón, pero cuando estudias para aprobar, a veces suspendes. Y me temo que pronto le pasará al equipo. Que llegará un equipo fuerte o medio fuerte y te pintará la cara, porque si nos ponemos por delante, sabemos defender el resultado, pero si se te adelantan, cuidado. Que nos cuesta mucho hacer goles.
El planteamiento ha sido bueno. Nuevas caras en la alineación titular (Nacho por necesidad, Asensio cogiendo confianza, y Vinicius para aportar peligro) , y eso se agradece. La plantilla es amplia y todos deben sentirse necesarios, y Zizou lo está haciendo bien en este sentido. En otros ya menos.
La participación de algunos jugadores está siendo sublime, y esto le está permitiendo al equipo seguir ganando. Courtois es un auténtico porterazo y merece el reconocimiento que se le negó en su primera temporada de blanco (nuevo acierto de técnico francés, que demuestra que de esto algo sabe). Varane, desde su partido ante el City, es el Varane que todos conocemos. Serio atrás, con salida de balón y realizando unos cruces dignos de un atleta. Ramos, sin complicaciones, lo que le hace ser mejor que cuando trata de hacer cosas raras, y Mendy (la Roca) con una solidez defensiva que poco a poco nos va haciendo olvidar al Marcelo que tanto amamos.
Partido sobresaliente de Modric, una vez más al timón del conjunto blanco. Valverde volando como buen «pajarito» y dejando cada gota de sudor en el dorsal 15 que, otro partido más, demuestra que tiene por méritos propios. Y Casemiro, pues a lo suyo. Lo suyo ya no son robos. Son hurtos. Y muchos.
Arriba Vini acelerando el encuentro, Marco Asensio ganándose minutos y Benzemá asociándose con todos. Una delantera que no sumaría ni 35 goles en sus mejores temporadas, pero con una calidad que es rara de ver en un equipo de primer nivel.