MUCHO QUE MEJORAR

Segunda jornada, victoria importante para no caer en la incertidumbre frente a un buen Betis que plantó cara hasta quedarse con diez y mucho que mejorar.

Zidane cambió el dibujo. Pasó de un 4-5-1 para algunos como yo, o un 4-3-3 para muchos otros, a un 4-4-2 con Jovic y Benzema en punto. Dio nuevamente salida de inicio a Martin Ødegaard junto a Casemiro y Valverde (como me gusta este chaval) en la medular, siguió apostando en defensa por los mismos que jugaron la pasada semana.

Como novedades, especial mención hay que hacerle a Fede Valverde. El uruguayo ya no es un chaval que venía a ganarse un puesto como cualquier otro, sino un jugador de garantías para el técnico. Un jugador especial, con un despliegue físico verdaderamente alto, en tiempos en los que prima el jugador completo por encima del exquisito. Y es que «el pajarito» abarca mucho campo, ofrece siempre ayuda a sus compañeros y no se guarda ni una gota de sudor. Canchero que cualquier entrenador querría tener en su equipo. No se arruga, asume galones y nunca pasa desapercibido. El esfuerzo tiene nombre en el vestuario blanco: Federico Valverde.

Pero la sorpresa fue el acompañante de Benzema: Luka Jovic. El serbio entra poco en juego, pero se le ve a la legua que si tuviera confianza y empezaran a salirle un poco las cosas, es un 9 nato. Y es que tenemos por costumbre ver en la actualidad a delanteros centros que bajan a recibir balones, a jugarlos, a tocar, a tener más presencia casi fuera que dentro del marco rival (véase Karim), pero nuestro fortachón no es de esos. Necesita centros al área, que le den balones de cara a portería. Tiene un tremendo disparo y una corpulencia que ofrece alternativas a Zidane, y este debería aprovecharlo. Yo, confío en él.

Comenzó el partido de cara para el Madrid, con una jugada que, de no ser por unos centímetros, hubiera puesto al equipo por encima en el marcador. Los primeros 20 minutos fueron de control y manejo del juego del equipo blanco, pero a partir de ese momento, el Betis dio un paso al frente. Primera parte descafeinada en la que Valverde para los madridistas y Mandi para los béticos pusieron los goles.

La segunda parte fue otra cosa. Lesión de Kroos preocupante, que esperemos que quede en un susto. Pinchazo en el glúteo izquierdo, lo que hizo que tuviera que marcharse a vestuarios. Salió Modric y tomó el mando. El equipo anotó pronto el segundo gol que daba el empate, abriendo todo a un nuevo partido.

Y llegó el esperado para muchos y el odiado para otros: el VAR. Contrataque del Real Madrid en el que Benzema deja solo a Jovic, quien de frente a portería y con un gran control con el pecho en carrera, es arrollado por Emerson. El árbitro pitaba fuera de juego y después fue llamado por González González quien, desde la sala maldita, no sólo dice que no existe ese fuera de juego sino que debería expulsar al jugador bético. Falta al borde del área y expulsión.

A los pocos minutos, un balón dentro del área que lucha Mayoral con Bartra y el defensa, en un intento para que canterano madridista no llegue al balón y pueda rematar, desplaza el balón con el brazo izquierdo. Nadie lo vio, salvo el VAR, que para eso está. Penalti y Panenka de Ramos (otro más). Y es que el camero es un seguro de vida desde los once metros.

Y es que el VAR, puede gustar o no, pero no deja dudas. Puede parar el partido durante minutos e, incluso, dejan descafeinadas las celebraciones, pero a nadie le debe caber duda en que si algo ofrece es justicia. Así que no hablemos de polémica porque no la hay. Existiría dicha polémica si no se hubieran pitado esas jugadas, pues las infracciones hubieran favorecido al equipo infractor, pero no es el caso. Fueron infracciones y como tales, hay que pitarlas.

Desde ese momento y con un Madrid en superioridad numérica, poco más que añadir. Control absoluto del juego y tres puntos que se vuelven a la capital.

Las sensaciones no fueron buenas durante muchos tramos del partido, por lo que hay mucho que mejorar. Pero mucho. Si el Madrid sigue así, cualquier equipo puede meterle mano y, como en años anteriores, puede resultar fatídico para una liga en la que es necesario demostrar que seguimos siendo el mejor equipo de España, y como no, de Europa.

MISMAS CARENCIAS

Llegaba el turno del campeón. Comenzaba realmente La Liga. La liga que todos quisiéramos llamarla «post-covid», pero que desgraciadamente no será así. Seguimos inmersos en una situación complicada, incluso para el fútbol. Un fútbol descafeinado. Sin público, sin pretemporada lejos de nuestro país, sin fichajes de renombre, pero con las mismas ganas o incluso más que años anteriores.

En el Reale Arena o en Anoeta (como yo lo he conocido desde siempre) daba comienzo el campeonato para dos equipos que este año jugarán en Europa. Uno en Champions y otro en Europa League. Se presuponía un buen partido, pero teniendo en cuenta que estamos en la jornada 2 (primera para ambos), el buen partido duró lo que duró el aire en los pulmones de los jugadores.

Una muy buena primera parte del conjunto blanco. Control absoluto del balón, presión alta cuando se perdía, entradas por bandas y con un ritmo atípico de primera jornada. Pocas ocasiones, a decir verdad, pero parecía que pronto llegaría el gol. Ese gol del que tantas y tantas veces ha carecido el equipo en los últimos años (desde la ausencia de Cristiano). Eso gol que los madridistas exigimos a Benzemá. Y es que, aunque pasen los años que pasen, el galo no es un 9 puro. Y no le debemos exigir como tal. Hoy, sin ir más lejos, se ha visto. Con Odegaard de mediapunta, el francés no apareció entre líneas; y eso lo pagó el equipo. Se dedicó a jugar de nueve y así le fue al equipo de cara a puerta. Dos ocasiones de Karim en 90 minutos.

La alineación creaba expectación desde que se supo que jugaban Rodrygo, Ødegaard y Vinicius. Tres niños. Jugones, descarados y con un futuro totalmente esperanzador para el club blanco. Rodrygo tiene más de lo que muestra. Se le ve. No hay más que ver como encara a los rivales. Quizá se sienta demasiado atado ya que se le pide que trabaje para el equipo a nivel defensivo, pero no me cabe ninguna duda de que, en cuanto se despegue de esa losa mental, despegará. De Vinicius lo sabemos casi todo. Encara, desafía al rival una vez tras otra, pelea, ayuda,… El único aspecto a destacar es que siempre le acompaña un lateral (Marcelo o Mendy) que, a menudo, juegan por delante suya, lo que le resta desborde y espacio. Aún así, cada vez que juega, es de los mejores.

Ødegaard es la sensación de este año, no hay ninguna duda. El noruego promete, como ya se le vio en La Real Sociedad, pero debe deshacerse del peso que todos los grandes jugadores sienten cuando empiezan a llevar la casaca blanca. Zidane debe darle minutos, confianza y darle libertad para asociarse en torno a la pelota, porque es lo que mejor sabe hacer. Y pronto, veremos en el Bernabéu a un jugador que llegó con 15 años y que ha luchado fuera para volver a tener minutos en el Real Madrid.

Y hablando de minutos… Ahí está el debe de Zidane. El técnico se supone que sabe que el partido dura 90 minutos al menos, y no 45. Y ya viene siendo un mal endémico de temporadas anteriores. No se puede tirar una parte a la basura. Lo sé, estamos a comienzos de temporada, sin casi partidos de pretemporada, pero si dispones de 5 cambios y sólo haces 3 (no cuento el de Arribas en el 89), no podemos excusarnos en lo físico. Seguimos teniendo a los mismos jugadores y las mismas carencias.

Y la carencia más importante se llama GOL. Tengo claro que este Real Madrid no ganará ningún partido cómodamente porque, para ello, necesitas gol. Zizou tiene como referente a Benzema arriba (defendible si recordamos la Liga del año pasado), y no confía en otros. Jovic, Mayoral, Mariano… ninguno le vale. Y esto es un grave problema. Primero porque Benzema debe tener competencia y, segundo, porque si el equipo carece de gol, debes tener otras alternativas.

Y bajo el aburrimiento del segundo tiempo, disfrutaron lo chavales de su debut soñado. Primero Marvin, recientemente campeón de la Youth League, y después Arribas, prometedor jugador de la fábrica.

Primer partido, primer revés.

MALACOSTUMBRADOS

Hagámonos a la idea. España no es la que era y selección de fútbol tampoco. Dicen que «cualquier tiempo pasado fue mejor» y, en esta ocasión, viene como anillo al dedo. Todos quisiéramos ver a la selección que encandiló a un país, pero también sabemos que no lo veremos. Quizá por muchos años (si es que llegamos a verlo…)

Aquella selección en la que, en cada línea, teníamos un top 5 mundial. Casillas en portería, Ramos-Puyol-Piqué en sus mejores momentos, Busquets-Silva-Iniesta-Xavi-Fábregas-Xabi Alonso y compañía como dueños del balón y Villa-Torres como delanteros goleadores. ¡Vaya equipo! Duele sólo de pensar lo que teníamos…

Hoy quizá no tengamos a ningún top 5 mundial en ninguna de las líneas (con los debidos respetos que merece Sergio Ramos, capitán y estandarte de esta selección). Por eso tenemos una selección buena, pero lejos de lo que presumíamos. Los jóvenes han traído sangre nueva y todos pertenecen a grandes clubes europeos, pero ninguno ha dado el salto mundial que te hace diferente con respecto a otras selecciones mundiales.

Quizá debamos acostumbrarnos a este nivel. Mucho mejor del que acostumbramos a tener años antes de las gestas europeas y mundiales, pero lejos de éstas últimas fechas. Quizá debamos exigir menos a estos chicos tan jóvenes. Quizá debamos dejar madurar a fuego lento a esta hornada de futbolistas que seguro que nos guardan torneos brillantes. Y eso, está en nuestras manos. En manos de una afición que, quizá, esté malacostumbrada a ser la envidia de Europa y del mundo.

Dicen que si metes a un pez en un espacio reducido, su tamaño irá en proporción al espacio que tiene. Dejemos que los nuestros crezcan. No les pongamos límites, pero tampoco acotemos su crecimiento. Tienen madera de enormes futbolistas. Sólo es cuestión de tiempo.

JUEGO DE TRONOS

Que Jon Nieve acabase como acabó hizo que los seguidores y fanáticos de la histórica serie de HBO nos quedásemos con cara de tontos. La misma cara que tenemos todos los aficionados al fútbol cuando hemos leído la noticia del año (con el permiso del 2-8 del Barca-Bayern) entorno a las 19 horas: MESSI se marcha del Barcelona.

Un burofax (que deja al ya conocido de De Gea como una simple anécdota). Así de sencillo. Así de frío. Un emblema de un club contacta con la directiva a través de un comunicado saliendo de una impresora. Lamentable. ¿Cómo estará la relación del club (directiva) con los jugadores para que el jugador más importante de tu historia se despida a través de un burofax? Imposible de aceptar.

Para entender la salida del crack argentino hay que tener varios factores en cuenta. Quien crea que la derrota del 2-8 es la gota que ha colmado el vaso, está en su derecho de creerlo pero, bajo mi humilde opinión, nos quedaríamos en lo superficial. Me atrevería a decir que ni es cuestión de dinero, ni de relaciones personales con la directiva. La decisión de no apostar por su amigo Neymar el verano pasado, la comunicación pública de la más que posible salida de Luis Suárez este verano, influyen más de lo que pensamos. La mala relación con la directiva no es nueva, y es otra de las grandes variables que han decantado la decisión de Messi, pero tanto él como su entorno, saben que los presidentes vienen y van. Y más en el caso de Bartomeu, que se encuentra en la cuerda floja desde hace tiempo.

Pero seamos justos. Messi es culpable de todo esto. Cuando generas un monstruo y le alimentas durante años, es posible que un día, cuando menos te lo esperes, te ataque por la espalda. Messi es D10S, tanto para los culés como para los periodistas que han elogiado a la estrella argentina. Incluso sus compañeros de profesión han sido partícipes del «endiosamiento» del pulga. El tsunami diario de halagos, reverencias y adjetivos superlativos entorno a la figura del jugador han hecho que el monstruo vaya creciendo y ganando fuerza y poder. Y el poder es un arma de doble filo.

Deportivamente, no cabe duda de que nos encontramos ante una noticia malísima para el fútbol español. Se va el jugador franquicia de la Liga. Un fenómeno. Un jugador único que hará que todos los aficionados a este deporte nos acordemos de él cada fin de semana. Incluso los madridistas, hay que reconocerlo.

A falta de tres semanas para el inicio del campeonato liguero, la bomba ha estallado. Se habla del City de Sheikh Mansour, el United de Glazer o el Inter de Steven Zhang como posibles destinos del astro argentino.

Ahora sólo queda esperar a que lo desmienta su entorno. Yo creo que lo hará. Y lo hará después de la dimisión de Bartomeu porque Leo es el Rey en el Norte.

Herzlichen Glückwunsch

Justo campeón. Impecable. El Bayern de Múnich se ha proclamado campeón de Europa por sexta vez en su historia. Y lo ha hecho sin fallos, sin errores, sin dejarse ni un solo empate. Para quitarse el sombrero.

Llegaba como claro favorito en la final de este anodino 2020. Su rival, el PSG, ante una oportunidad de hacer historia. Más de 10 años le ha llevado al jeque presentarse en una final de Champions. Diez años y miles de millones de euros puestos encima de la mesa para este momento. El todo o nada.

Y fue el nada. El nada más absoluta. Un par de ocasiones claras en 90 minutos. Algo que no es digno de un equipo que tiene a Neymar, Mbappé o Di María. Quizá, dicha inexperiencia le haya pasado factura. Empezando por Tuchel.

El planteamiento del equipo parisino ha sido pobre, dejando la pelota al Bayern, pero con una gran presión en la salida de balón del equipo alemán. Al menos en la primera parte, lo que hacía pensar que podría llegar su ocasión en cualquier momento. Y ahí la tuvo Mbappé. Una jugada clavada a la que tuvo Cristiano Ronaldo en la final de Champions celebrada en junio de 2017. La gran diferencia es que aquel remate acabó becando las redes de la portería de Buffon, pero no es el día de culpar a un chaval de 21 años, ni mucho menos.

El fútbol es un deporte de equipo y como tal, ganó el mejor equipo. No hay que darle más vueltas. El Bayern pelea, lucha, juega… Y lo hacen todos, desde el portero hasta el utillero. Por eso es un equipo, un bloque, un rodillo al que cuesta meter mano y que, con los jugadores que tiene, te puede hacer ocasiones. Una tras otra en muchos casos y alguna que otra en el caso de hoy.

El PSG tendrá que esperar. Quizá un año, dos o diez más. Porque, afortunadamente y como en la vida, no todo se consigue con dinero.

UN ÁNGEL EN LISBOA

Volvía Di María al estadio donde se hizo conocer en el viejo continente y donde ganó la décima con el Real Madrid. Y de qué manera lo hizo… En su mejor versión. Vertical, incisivo, currante y pasador, porque si hay algo que tiene este jugador es precisamente un último pase como pocos…

El Leizpig no es un equipo para estar en semis de champions y hoy, ha quedado claro. Su pase, como escribí en un post anterior, fue más demérito de Simeone y su rácano planteamiento, que del propio equipo alemán. Hoy el PSG ha dado muestra de ello. Voluntad no les falta, pero juego…mucho.

Y por fin se ha metido en la final de Champions el equipo parisino. Después de millones y millones despilfarrados en jugadores, ha llegado su momento. No lo va a tener fácil (en caso de que pase el Bayern, claro), pero quizá ya haya conseguido el jeque lo que llevaba buscando los últimos años: estar en la terna de los mejores equipos europeos.

El juego del PSG no es brillante, porque no tiene jugadores de toque, de posesión, de domar la pelota. Jamás el equipo de Tuchel ha maravillado por un juego fluido, por dominar el partido de principio a fin, pero tiene individualidades que le hacen peligroso. Muy peligroso.

Si ayer hablaba en mi último post de las diferencias entre el estilo de juego practicado por el Sevilla y el Inter de Milán, hoy el PSG demuestra que no es necesario ser un gran entrenador para llevar a tu equipo a la cima del fútbol. Porque al fútbol juegan los futbolistas. Tuchel, en este caso, sabe quien debe estar contento. Tiene a Neymar con ganas, integrado en un grupo que se siente líder. Y lo es. A Mbappé de escudero y socio perfecto del brasileño, y un equipo que juega por y para ellos.

El balón tiene que llegar a Neymar, cueste lo que cueste. Y, a partir de ahí, el PSG genera peligro. Tuchel sabe que defensivamente tiene a un equipo muy normalito, de ahí que Marquinhos juegue de stopper. Con Herrera y Paredes en la construcción (o destrucción, como queramos verlo), la pelota cobra sentido solamente en las piernas de Ney.

Ganar la Champions quizá haga que Neymar y Mbappé consigan el objetivo ansiado de triunfar más allá del país galo, donde se pasean año tras año. Y si se sienten que han completado un ciclo, quizá quieran tomar nuevos desafíos, lo que sería bueno para equipos de primera fila. O quizá no. Quizá la ganen y se sientan en la obligación de continuar el proyecto.

Sólo falta saber si le acompañará el Bayern (como todo hace indicar que así será) o el Lyon, cosa poco posible a priori. Personalmente, prefiero una final de nivel que una descafeinada. El fútbol, y más este año, lo merece. Veremos…

DOS ESTILOS DISTINTOS

Para mí siempre será la UEFA, no la Europa League. Un título apetecible que se ha ido degradando en los últimos años debido a una inmesa obsesión por la Champions. Y es normal, ya que antiguamente la Copa de Europa solamente la jugaban los campeones de liga y ahora la pueden jugar hasta los cuartos clasificados de estas. Por eso, entre otras cosas, esta prestigiosa competición ha ido decayendo en partidos en los que no es de extrañar encontrarse con equipos que, ni por asomo, llegarían hace años a jugar competiciones europeas.

Un sinfín de partidos que, desde los últimos coletazos del verano, se juegan con equipos mediocres para que, al final, lleguen los más fuertes a los últimos cruces. Una manera sencilla de colapsar los calendarios sin sentido alguno.

Y, ahora, llega la gran final. Un Inter de Milán – Sevilla que, a buen seguro, será del gusto de todos. Sólo por estos partidos merece la pena ver la competición.

Ambos equipos llegan con la confianza por las nubes. El Inter después de deshacerse del Shakhtar con un amplio 5-0 que, para ser una semifinal, suena a risa (no tanto como el 2-8 del Bayern al Barcelona, también es cierto). Y el Sevilla porque se lo ha ganado en estos últimos años. 6 finales en esta competición le hace favorito por encima del histórico Inter. Además, se ha quitado de encima a todo un poderoso Manchester United que, aunque ya no es el mítico equipo que dirigía Ferguson, no es moco de pavo.

Dos estilos distintos, pero ganadores. Dos entrenadores que hacen las cosas bien, que trabajan a sus plantillas y que exigen lo mejor de cada jugador.

Conte con un estilo más italiano, más defensivo. Trabaja el bloque con un sentido de compromiso al más puro estilo Mourinho. Solidez defensiva con un esquema en el que Godín ordena y manda; un centro del campo que, cuando juegan Eriksen y Brozovic, le pone cordura, y un ataque letal, con Lautaro libre de movimientos y Lukaku como referencia. La gran virtud de este equipo (además de la solidez defensiva) es el fútbol directo que propone, con balones a la espalda de la defensa rival, aprovechando la velocidad de Lautaro y la potencia de Lukaku. Por ello, Eriksen y Brozovic no son tan usados por el técnico, ya que necesitan balón y pausa en el juego.

Lopetegui, sin embargo, apuesta por un estilo más dinámico, de circulación rápida y de juego de banda. Con Reguilón y Jesús Navas como carrileros, los ataques del Sevilla son imprevisibles. Con buen trato de balón, con dos centrales que aportan seguridad a la zaga (especial mención requiere Koundé) y con unos jugadores que en tres cuartas partes de campo tienen mucha movilidad, hacen del equipo hispalense un más que serio candidato para llevarse el torneo.

Ingredientes que nos auguran una gran final. Una final que se llevará el equipo que mejor sepa jugar las cartas de su estilo.

PESADILLA CULÉ

OCHO! Ocho le han caído al Barcelona. Uno tras otro. La peor pesadilla culé tiene fecha: 14 de agosto de 2020. Sólo que el Madrid les pueda meter algún día ocho goles sería peor que esto. Sólo eso. No hay más.

El Bayern es mucho Bayern, y se consolida como máximo favorito para hacerse con esta edición de Champions. Ya no por los 8 goles al Barcelona, sino por la forma de jugar y el alto ritmo que imprime al juego. Es un equipo fuerte, bien construido y con confianza. Y son alemanes!

Neuer sin complicarse y ofreciendo una gran salida del balón. Kimmich y Davies (mención especial para este chaval de 20 años) entrando por la banda como cuchillos en la mantequilla. Boateng y Alaba como centrales (el segundo reconvertido a central y que, juegue donde juegue, lo hará bien). Goretzka, todo un pulmón con el coche escoba. Thiago sin perder casi balones y moviendo al equipo a sus anchas (por cierto: sabe que no jugará en el Bayern la temporada que viene y aún así, ahí lo tienes…) Gnabry dejando claro a la dirección del Arsenal que su salida fue un error). Perisic en su mejor versión. Müller siendo el Müller de hace unos años. Y Lewandowski, sin hacer goles, tomando todas y cada una de las decisiones de manera correcta.

Y enfrente, el Barcelona. Con Ter Stegen mal (cosa rara), Semedo y Alba superados en cada duelo. Piqué lento. Lenglet persiguiendo sombras. Busquets, De Jong, Sergi Roberto y Vidal sin pelota. Suárez siendo una caricatura de delantero. Y Messi (porque aún dudo que haya salido al campo)

Ya lo avisó el argentino que, con esta plantilla, no era suficiente para la Champions. Y, visto lo visto, se quedó corto. Ni para Champions, ni para la Liga.

Del partido hay poco que comentar. Se dice popularmente que un baño de fútbol te lo dan cuando no hueles ni la pelota, pero lo de hoy no ha sido un baño. Ha sido un fin de semana pagado en el balneario de La Toja.

Ni en las peores pesadillas de los culés se hubieran imaginado esto. Han creído, una vez más, que tener a Messi te otorga favoritismo, pero creo humildemente que ya no es así. Y no lo ha sido hoy, ni lo fue en Anfield, ni en Roma, ni en París, etc. Se lleva cayendo estrepitosamente varios años y en todos ellos, Messi estaba presente. Es lo que se le achaca al argentino. Que no aparezca en los partidos importantes.

La derrota dejará secuelas. El presidente caerá, el director deportivo caerá y el entrenador más de lo mismo. Desconozco si será suficiente, pero si necesario. La gestión ha sido lamentable en estos años. No hay planificación deportiva y no han acertado en los fichajes. Por eso, también deben sumarse a esa lista de bajas algunos jugadores. Y Messi, al que no considero jugador, sino franquicia, el primero.

LA RACANERÍA PASA FACTURA

El Cholo es rácano. Era rácano como jugador y sigue siendo rácano como entrenador.

Los atléticos están hechos de otra pasta. Esa pasta que todo les parece bien, que todo les anima y que, con poco, se conforman.

Terceros en Liga y cayendo en cuartos de Champions. Y para su entrenador (el rácano) ha sido una buena temporada. Sí, habéis leído bien: una buena temporada.

Un equipo que ha marcado 64 goles en 50 partidos no podrá jamás ganar nada. Ni Liga, ni Copa y, ni mucho menos, una Champions. El mismo equipo que deja en el banquillo a su mejor hombre (Joao Félix) y que, bajo su obsesión por la intensidad, apuesta todo por el físico. ¿Consecuencia? Cuando se encuentra con un equipo que te iguala el físico, te gana.

Al fútbol, o eso a mi me enseñaron, se juega con un balón. Y si la pelota no la tienes tú, la tiene el rival. Y si la tiene el rival, toca defender. En ese orden se basa el concepto futbolístico de Simeone: «si no encajamos, tendremos posibilidades de ganar». Con lo que no cuenta es que este Atleti, ya no es defensivamente como años anteriores. Savic no es Godín ni Lodi no es Luis Felipe (ya quisieran). Thomas es imprescindible, Koke está sobrevalorado y Saúl no es el Saúl de otros años. Si a eso le sumamos la suplencia del portugués y la nueva posición de Marcos LLorente (para mucho, una obra de ingeniería del Cholo) obtenemos un equipo ramplón y sin chispa.

Este es el Atleti, señores. El que les gusta a los atléticos y a los madridistas, así que todos conformes.

CEGADOS

3 puntos tirados. No perdidos. Tirados. Ese fue el resultado del partido de ayer. Un equipo endeble y con pocas ideas se presentaba en Son Moix ante un Mallorca instalado en la parte baja de la tabla y que venía el año pasado de jugar en Segunda División. Y por si eso fuera poco, hace dos estaba jugando en Segunda B. Y esto dice mucho.

Mientras el Mallorca estaba deseando la visita de un grande, el Madrid, plagado de bajas y con una superioridad moral aplastante, llegaba al partido con el mal llamado «plan B». Lo de la superioridad moral empieza a desesperarme y a resultarme hasta asqueroso. Siempre he sido de pensar que el Madrid es superior sólo por el hecho de llamarse como se llama, pero desde hace tiempo veo que no es así. Que cada partido hay que lucharlo y correrlo, porque el fútbol ya no es como antes, que con calidad tenías casi todo ganado. Ahora, o corres, o pierdes. Pero hablemos del partido. Después será momento de despacharme agusto.

La alineación fue, una vez más, clave. Fuera de las manías, los gustos o las debilidades hacia un jugador u otro, he de decir lo que realmente pienso. En la defensa Marcelo es un lastre. Lo lleva siendo dos años. Ni es el lateral que era ni el extremo que parecía a veces. La calidad la sigue manteniendo, y si hay que decir que ayer no tuvo culpa de nada de lo negativo que pasó, también hay que ser sincero para ver que no está a buen nivel. Repito lo mismo que dije hace unas semanas: cuando juega el brasileño, Ramos sufre. Tiene que caer al costado constantemente y el central que juegue con el sevillano, cerrar más, lo que desnivela a la defensa entera del equipo.

Odriozola. ¿Dónde está el Odriozola de la Real? Llegó como un recambio perfecto para Carvajal. Estaba seguro de que haría que éste tuviera que sudar la gota gorda para ser titular, pero pasado todo este tiempo, lo que me deja claro es que si no está Dani (aún estando al nivel más bajo desde que regresó de Alemania), el lateral lo tenemos perdido. Es cierto que corre, que lucha, que se desfonda en cada carrera y que a velocidad pocos le ganan, pero el escudo del Madrid siempre exige algo más. No ofrece algo tan importante como es la salida de balón por su costado, y eso se paga.

El centro de la defensa ayer tuvo un nombre propio. Eder Militao. El brasileño jugó muy bien. Rápido en el corte, expeditivo en cada jugada y con una superioridad en el juego aéreo digno del mejor Pepe. Parecía que habíamos recuperado al portugués. Buen partido en el que dejó a Ramos como si fuera el segundo de abordo. Desde hace tiempo vengo diciendo que Ramos está mal, que ya no es el mismo ramos. Creo que se dosifica, pero se dosifica mal. Para mi, dosificarse es graduar el juego en función de las exigencias. Los grandes jugadores saben hacerlo, pero creo que Ramos lo hace mal. Baja el listón, el ritmo, la exigencia física, eso de lo que él va sobrado. Es un portento, estamos de acuerdo, pero cree que está por encima del resto, y eso le hace mal. Aún recuerdo al Ramos que saltaba como ayer lo hacía Militao. Junto a Puyol, dudo que hubiera otro central con tanta solvencia en el juego aéreo. Pero ya no es Ramos…

En el centro del campo una apuesta arriesgada. Por nombre sonaba hasta bonito. Casemiro, Isco y James. Un bregador y dos artistas. Ayer, un bregador y algunas pinceladas del colombiano, porque lo de Isco es para mirárselo. El malagueño ni está ni se le espera. Balón que toca, balón que pierde. No es que no esté para jugar de inicio, es que no está ni para jugar. Es el claro ejemplo de calidad desperdiciada. Siempre lo he dicho: Isco probablemente sea el jugador (junto con Marcelo) más técnico del Madrid, pero si alguien se nos viene a la mente cuando se dice eso de «en el fútbol de hoy no te sirve (salvo en contados casos) con lo técnico. Tienes que dar más», son Marcelo e Isco. Vaya partido hizo el de Benalmádena… Tuvo que ser cambiado, lógicamente. Yo creo que Valverde nos hubiera dado músculo en el centro del campo, cosa de la que carecimos durante todo el partido. Casemiro es la MASA, pero no es Dios. No puede luchar por tres y después pedirle que saque el balón.

James sigue siendo James. Detallazos de calidad y lucha. Yo, no le pido más. Los únicos pases entre líneas y «peligrosos» los dio él. El colombiano creo que este año está aprovechando los minutos que le está dando Zidane.

Arriba Benzema, del que no voy a hablar porque es el mejor, simplemente. Vinicius y Jovic. El brasileño, de lo mejorcito. Sigue sin ver puerta, y no lo entiendo. Dicen que eso, se tiene o no se tiene, pero joder, juegas en el Real Madrid. Que entiendo que si juegas en el equipo de tu barrio, no metas goles, que seas muy rápido, que regatees como nadie, pero…¿alguien ha visto en su clase de niño o en el equipo de su barrio a una chico que jugase exageradamente bien y no metiera goles? No lo entiendo. No sé si es presión y si el chaval tiene lo que tiene y ya está, pero me hace dudar. Yo, de momento, le apoyo porque creo que ajustará el punto de mira, pero tiene que trabajarlo mucho. Pero mucho.

Lo de Jovic. Otro expediente X. Posiblemente el mejor delantero de Europa (sin contar a Messi y Cristiano, por supuesto) de la pasada campaña y que llega aquí y no huele ni la pelota. Es verdad que pocos balones le llegan, que ese es otro problema, pero debe dejarse ver más. Cuando no te llegan balones, sales a buscarlos, luchas, corres, peleas… Pero el serbio no parece ser así. Yo sigo teniendo confianza en él, pero o espabila o no sé…

Los cambios no me parecieron mal, pero sí quizá tarde. Isco debería haberse ido antes y entrar Valverde. Rodrygo se mereció jugar más minutos porque nada más entrar expulsan a Odriozola (se autoexpulsó, más bien) y le queda la banda entera al chaval, algo a lo que no está acostumbrado. No tuvo la oportunidad de encarar ni una vez. Y Brahim sin minutos. Poco más que decir porque no aportaron nada ninguno de los tres.

Lo que me desespera es la forma de jugar del equipo. Mal organizado atrás, sin salida de balón ante la pequeña presión del rival y con una falta de enganche entre el centro del campo y la delantera preocupante. Benzemá y James son los únicos que parece que se asocian. Hazard en casa por ser padre (discutible también la decisión, estando el equipo en cuadro como está), Kroos lesionado (ayer se vio la falta que hace en la salida del balón), y Modric igual (esperemos recuperarle porque es muy necesario). Malditos balones colgados (como si tuviéramos aún a Cristiano que remataba todo). Velocidad negativa en la frontal del área rival, no sabemos jugar los espacios que deja el rival, oleadas de «quiero y no puedo»,… En fin, juego pobre una vez más. Y ante nosotros el Mallorca.

El martes el Galatasaray en Turquía. Terreno hostil. Partido difícil. Veremos si no venimos con la Champions tirada en Octubre, que somos muy de olvidarnos de las competiciones prontito…

¡HALA MADRID!

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar